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Asaltó un maxiquiosco, se tiroteó con un policía y murió desangrado al escapar

Violencia en pleno centro. El delincuente, aún no identificado, se movilizaba en un auto robado. Se enfrentó a un agente de civil que entró al local, escapó y murió al chocar.

Domingo 13 de Julio de 2014

A las 8 de la mañana de ayer Eduardo C. se aprestaba para una nueva jornada de trabajo. Hace dos meses instaló un maxiquiosco en un amplio salón ubicado en la esquina de 9 de Julio y Sarmiento, en pleno centro. Media hora más tarde, cuando sobre la ciudad caía una persistente lluvia, un hombre bien vestido, de entre 25 y 30 años, entró al negocio a comprar cigarrillos. Parecía uno de los primeros clientes de la fría mañana, pero resultó ser un ladrón armado que le exigió el dinero de la caja. Mientras eso sucedía y Eduardo no salía de la sorpresa, al comercio ingresó un policía federal vestido de civil. Entonces el ladrón también intentó robarle, pero el golpe le salió mal. Así se generó una balacera en la cual el maleante recibió un tiro mientras escapaba. No pudo ir muy lejos. Falleció a unos cien metros del local, arriba de un auto robado en el que huía. Según las primeras pericias, entre el policía y el ladrón dispararon no menos de ocho tiros, y las vitrinas del negocio quedaron perforadas por dos claros impactos de bala. El botín fue de 1.200 pesos que el asaltante, hasta anoche no identificado, tenía entre sus ropas.

Aún atemorizado por todo lo que había ocurrido, Eduardo C. habló con La Capital. En voz baja contó: "Había abierto hacía un rato. Entonces entra este muchacho, sin gorrita ni nada que me diera sospechas, y me pide cigarrillos. Cuando me agacho para buscar el paquete y entregárselo, se cruza por detrás del mostrador, me apunta con un revólver y me dice que le dé la plata".

El hombre tomó aire y continúo contando el angustiante momento vivido en la gris mañana sabatina. "Cuando el tipo se pone al lado mío empieza a sacarme plata de la caja y algo que yo tenía encima, en total unos 1.200 pesos". Y agregó que "el muchacho parecía tranquilo". A pesar de lo que ocurría, en ese momento Eduardo logró pulsar el botón digital de la alarma sin que el ladrón se percatara.

Lo imprevisto. Mientras el malhechor estaba agachado detrás del mostrador junto al comerciante, ingresó al local César G., un agente de la Policía Federal que estaba de civil y se dirigía a tomar servicio en la localidad bonaerense de San Nicolás.

Al entrar, el policía se plantó en el mostrador y pidió cigarrillos. El ladrón, por entonces, le había dicho a Eduardo: "Vos manejate normal". Los dos se irguieron y el comerciante comenzó a buscar lo pedido por el agente mientras el ladrón se desplazó por el local hasta quedar detrás del efectivo policial.

"Quedate tranqui y dame la billetera", escuchó el policía a sus espaldas. Entonces miró a quien le hablaba y le contestó: "Tranquilo, quedate tranquilo, ya te la doy y andate". Pero el ladrón lo tomó de un brazo y lo llevó para la parte de atrás del mostrador mientras le apuntaba. En esas circunstancias el policía se llevó las manos a la cintura mientras le repetía, "tranquilo, tranquilo". Y desenfundó su pistola calibre 9 milímetros, se identificó y le apuntó al ladrón: "Tranqui, andate y no jodás", le dijo.

Cruce de balas. Eduardo vio toda la secuencia y aún no la puede borrar de su cabeza. "Entonces el pibe, cuando el otro le dijo que era policía, le disparó un tiro y otro y otro más. El policía también le tiró", dijo con la mirada aún fija en aquel instante.Herido, el ladrón trastabilló y efectuó otro disparo. Esta vez la bala destrozó el blíndex de la puerta izquierda del negocio. Tras ello, con paso apurado y como pudo, cruzó la calle y se subió a un utilitario Kangoo de color rojo, patente NMD184, que había dejado estacionado frente al negocio. El policía le gritó para que se detuviera pero el herido volvió a disparar. El policía, parapetado tras una pared respondió con más tiros. Alrededor de ocho disparos fueron los escuchados y los vecinos comenzaron a llamar desesperados al 911 mientras se asomaban a los balcones de los edificios de la transitada cuadra.

En la vereda. Muy mal herido, el joven subió al utilitario y lo puso en marcha. Algunos testigos dijeron que había otro hombre en el rodado, pero éste nunca apareció. Lo cierto es que en una alocada marcha el auto tomó por Sarmiento hacia el sur y, al atravesar Zeballos, se subió a la vereda oeste para terminar contra un árbol. Allí quedó hasta que llegaron los efectivos policiales y constataron que el conductor estaba muerto. La zona se alteró. Los vecinos salieron de sus casas, bajaron de los edificios y las sirenas invadieron los cien metros que separaban el negocio asaltado del auto.

En ese momento empezó otra historia y una duda. Quién era el ladrón. "No tenía documentos ni era conocido. Olía a alcohol y cuando lo revisamos le encontramos unos gramos de cocaína del tipo alita de mosca, de máxima pureza", deslizó una fuente policial. Además, al hurgar entre su ropa los efectivos hallaron unos 4 mil pesos en efectivo, varios teléfonos celulares, billeteras, manojos de dinero envuelto en bandas elásticas y un revólver calibre 32 con varios cartuchos servidos.

Al revisar el cuerpo del maleante abatido, los forenses sólo encontraron un tiro a la altura de la ingle, por lo que se presume que podría haberle interesado la arteria femoral. También observaron que tenía varios tatuajes del tipo "tumbero", lo que dio a los investigadores el indicio de que tal vez el muchacho tuviera antecedentes penales. Minutos después le hicieron pruebas dactiloscópicas y se esperaba hacia el fin del día los resultados de las mismas para lograr identificarlo.

En cuanto al Renault Kangoo, fuentes policiales dijeron que había sido robado el viernes a la tarde cuando un hombre ingresaba a un taller metalúrgico de 27 de Febrero al 5600 y fue abordado por una persona que, a punta de pistola, le sacó el utiliario.

Según las primeras presunciones policiales, hechas a partir de la cantidad de celulares y pertenencias ajenas que tenía la víctima, es posible que hubiera cometido varios asaltos en las últimas horas, pero esto recién se podrá saber fehacientemente a partir de la investigación que lleva adelante el fiscal jefe de la Unidad Especializada en Homicidios Dolosos, Adrián Spelta, quien lleva el caso por estar en turno.

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