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Asaltan un geriátrico y se llevan hasta la caja fuerte

Fue el martes, mientras jugaban Argentina y Suiza. Se llevaron algo más de 30 mil pesos tras reducir a tres empleados y sin lastimar a nadie.

Jueves 03 de Julio de 2014

No a todos les interesó el partido de la selección Argentina por los octavos de final del Mundial de Brasil. Mientras pasado el mediodía del martes el equipo de Alejandro Sabella atrapaba la atención del universo fútbol, tres ladrones ingresaron armados al geriátrico "Vivir", de Granadero Baigorria, y lo asaltaron a cara limpia. Tras valerse de un ardid para entrar, los maleantes maniataron a tres empleados y durante media hora dominaron el escenario en el que 45 ancianos están alojados. Entonces se llevaron una caja fuerte con unos 26 mil pesos que cargaron en el baúl del Chevrolet Celta de una de las enfermeras. Además se alzaron con otros 7.500 pesos en efectivo y los celulares de los empleados. Al irse dejaron abandonado un Chevrolet Corsa en el que habían arribado y que tenía pedido de secuestro por haber sido robado.

El geriátrico "Vivir" tiene dos ingresos: uno sobre avenida San Martín al 1200 (la ruta nacional 11), y el otro por un garaje sobre Pueyrredón, calle que corre paralela a la avenida. Para llegar a la puerta principal hay que caminar unos 20 metros por un espacioso pasillo de más de 3 metros de ancho por el que cómodamente ingresa un auto y en el cual se erigen otros tres departamentos. Luego hay una puerta de rejas que el martes estaba sin candado y la abertura principal que estaba cerrada con llave.

Gustavo, un empleado de mantenimiento del lugar, miraba el partido de reojo mientras sus compañeras Adriana y Edy se pasaban los reportes de la guardia. Otras dos empleadas se habían ido un par de minutos antes. "En la calle no había nadie. Era un desierto. No pasaban ni los colectivos", rememoró una de ellas ayer a la mañana.

 

El ardid. Alrededor de las 13.30 un timbrazo rompió la normalidad. Gustavo fue a atender y se topó con un hombre desconocido. A sus espaldas había un Chevrolet Corsa negro estacionado en el pasillo. "Vengo a ver a mi familiar", dijo, y cuando Gustavo abrió la puerta para escucharlo mejor el maleante sacó una pistola de la cintura y lo encañonó. "Me puso el arma en las costillas y me dijo que me tapara la cabeza con la campera", explicó la víctima.

Detrás del hombre con la pistola ingresaron sus dos cómplices. El trío de ladrones ató las manos de Gustavo con los cordones de sus zapatillas y lo condujo hasta la enfermería. En menos de dos minutos sus dos compañeras estaban maniatadas con precintos plásticos. Un par de abuelos que vieron la escena retaron a viva voz los ladrones, pero ninguno de los maleantes los escuchó.

"A mi me hicieron tirar al piso boca abajo y como mis brazos no llegaban a tocarse en la espalda se pusieron nerviosos y me montaron la pistola (cargaron) al lado de la oreja. ¿Dónde están las otras empleadas?", relató Gustavo. "Después uno me dijo. «Si te seguís moviendo te llevamos la moto»", recordó. Con los empleados reducidos, los ladrones comenzaron a recorrer el geriátrico. Uno pateó la puerta de madera de una oficina hasta romperla. Adentró estaba lo que buscaban. "Todo el tiempo pedían por «la caja fuerte»", indicó ayer Gustavo. El cofre tiene 1,20 metro de lado por 1 metro de profundidad, y como ninguno de los empleados tenía la llave lo arrastraron hasta la puerta de ingreso.

Cambio de auto. "Se ve que la quisieron cargar en el Corsa en el que llegaron pero no entraba. Entonces fueron por el auto de Adriana", explicó Viviana, la encargada del lugar. En su camino, los ladrones pasaron con indiferencia por un cuarto repleto de medicamentos, entre los que había ansiolíticos y tranquilizantes. "No tocaron ni un medicamento", explicó la encargada.

Así comenzó la parte final del golpe. "Dame la llave de tu auto, que sabemos que lo tenés estacionado atrás", le ordenó uno de los ladrones, de unos 45 años, a Adriana. Mientras tanto un ladrón veinteañero se paseaba por las habitaciones. "Yo lo vi entrar (a la habitación) y pensé que era el hijo de la encargada. Lo único que vi que hizo fue mirarme. Pero seguí escuchando el partido despacito con la radio", recordó Nely, de 85 años y paciente del local. "Menos mal que no me di cuenta de lo que sucedía, porque me hubiera asustado", agregó la anciana.

Finalemente, uno de los ladrones sacó por el garaje de calle Pueyrredón el auto de Adriana, dio la vuelta manzana y lo estacionó en el pasillo, atrás del Corsa negro. Cargaron la caja fuerte en el baúl y se fueron. "La verdad no se qué se imaginó esta gente, pensó que teníamos muchísimo dinero. Este es un lugar en el que casi todo está bancarizado. Pami paga por movimientos bancarios, los empleados cobran por tarjeta de debito y en la caja que se llevaron teníamos 24.585 pesos que eran para pagar insumos e impuestos. Además había 1.700 pesos de uno de los abuelos y 170 pesos de otro. Además había algunos documentos de identidad de abuelos que recién habían ingresado", relató Viviana.

Respecto del Corsa negro que los ladrones abandonaron, el mismo había sido robado en jurisdicción de comisaría 10ª de Rosario el 28 de junio. El caso fue denunciado en la comisaría 24ª y es investigado por la Fiscalía de Flagrancia y Turno.

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