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Arturo Bonín: "El teatro es un viaje de ida"

"El teatro es un viaje de ida", dice Arturo Bonín con una franqueza a flor de piel y desde un sentimiento tan genuino como íntimo. Esa misma pasión es la que muestra su personaje Peter, de "La...

Viernes 03 de Mayo de 2013

"El teatro es un viaje de ida", dice Arturo Bonín con una franqueza a flor de piel y desde un sentimiento tan genuino como íntimo. Esa misma pasión es la que muestra su personaje Peter, de "La mujer justa", a quien le llega el amor en un momento clave de su vida pero no puede tomarlo simplemente porque no estaba preparado. La obra de Sándor Márai con puesta de Hugo Urquijo, se presenta hoy a las 21.30, con los protagónicos de Bonín, Graciela Dufau y Victoria Onetto, en el teatro Broadway (San Lorenzo 1223). Es la historia del cruce de tres amores, que se debaten entre la traición, la soledad, el deseo y los afectos no correspondidos.

El intérprete que le dio vida a Pepe Fernández en "Dulce amor" habló con Escenario de la fuerza del amor por sobre todas las cosas, de la sorpresa que resultó la tira de Quique Estevanez, que todavía lo recuerdan por su rol de Enzo Bordabehere en "Asesinato en el Senado de la Nación"(ver aparte) y también confiesa cómo hizo para mantener su espíritu seductor con el paso del tiempo.

—¿Qué te inspira este personaje del texto de Sándor Márai?

—Fundamentalmente me da pena este personaje, porque es un ser criado en lo más granado de la sociedad, con acceso a todo, y que lamentablemente no supo aprender a vivir. Y cuando se encuentra con una opción o una situación de vida que lo puede llegar a conmover o a conmocionar no reacciona. Yo digo que se queda como un gil en plataforma, a quien se le va el tren y no se anima a correrlo, traducido al barrio, ¿no? Por un lado me da pena y por el otro me inspira mucha ternura.

—¿La obra aborda la cuestión del amor incomprendida y la crisis de los afectos?

—Exactamente, la imposibilidad de acceder al amor y de encontrar el amor pero por inoperancia propia, no es porque el amor no se le haya ofrecido. Y además, otra cosa concreta también que muestra la obra, es que lo que espera la mayoría en una relación de pareja es que una persona reúna todas las condiciones para uno, y no es así. Hay distintas personas con distintas condiciones y a veces en una misma persona uno no encuentra todo. Esto no quiere decir que haya que andar con dos o con tres, pero es demasiado ambicioso buscar todo en una sola persona.

—¿También juega en la historia el contraste entre la juventud del personaje de Victoria Onetto y la madurez del que interpreta Graciela Dufau?

—No, en este caso no hay mucha diferencia, lo que pasa es que son personajes que despiertan distintas sensaciones en el personaje de Peter, que es el que hago yo. No tiene que ver con la edad ni con ese tipo de límites que supuestamente nos ponen, que es la edad, que es la belleza, no, pasa por otro lado, pasa por los impactos emocionales más que nada.

—El amor resiste el paso del tiempo...

—El amor mueve el mundo, esa es la idea, ¿no?

—Lo venís de comprobar más que nunca después de "Dulce amor". ¿Cómo te tomó este éxito?

—Por sorpresa como a la mayoría de nosotros, fue una cosa que no esperábamos, estaba en nuestros planes la posibilidad del trabajo, cierta trascendencia, pero no esta explosión que se vio, con 15 meses de continuidad. Para nosotros fue realmente sorpresivo y muy placentero.

—¿El culebrón y el costumbrismo fue lo que sedujo al televidente medio?

—Creo que fue una mezcla de todo eso, ése es el secreto o la explicación de este éxito. Y también la vuelta al barrio, una vuelta a la cosa solidaria y a los valores más básicos de uno, que tienen que ver con el afecto. Y después rescatar que no hay barreras en el amor. Yo les decía (a Sebastián Estevanez y Carina Zampini) Carpincho y Damita (sic), como el dibujito animado de "La dama y el vagabundo". Pasa por ahí, por confiar en lo que te pasa por adentro y no tanto en las formas.

—Estamos hablando de una obra teatral y de una telenovela, pero ¿en la vida real también el amor resiste todo tipo de adversidades?

—Totalmente, no nos diferencia nada, una cosa es la condición económica y otra cosa es la persona. La persona es la misma, después, bueno, habrá condicionamientos sociales, pero básicamente somos personas y, como dice William Shakespeare en "El mercader de Venecia", "cuando nos pinchan sangramos" (en referencia a la frase "si nos pinchan ¿acaso no sangramos?). A todos nos afectan las cosas por igual, todos nos enamoramos por igual, aunque a algunos el amor le pasa por el costado, o no lo aceptan, o entienden que no les corresponde por condiciones sociales, como en el caso de "La mujer justa". Pero hay otros que la pelean, y dicen "no, ¿por qué?, si yo amo a esa persona, qué importa que tenga un título nobiliario, si es una persona".

—Te tocó hacer a la par teatro y televisión, ¿qué te resultó más placentero?

—Es absolutamente diferente, también tiene que ver el entorno, con quién estás acompañado, nosotros en "Dulce amor" tuvimos 15 meses de tira espectaculares, 15 meses de buen vínculo y buena relación afectiva entre nosotros, y después el vínculo que se da de personaje a personaje es muy esporádico. El teatro es un viaje de ida porque te parás en los zapatos de un personaje y estás dos horas en eso, estás volando en eso.

—¿El espectador se compenetra de inmediato en la historia de "La mujer justa", pese a que no está ambientada en la actualidad?

—La trama está ambientada entre guerras, entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, pero la historia le ocurre a personas. El contexto es secundario, aunque nos ayuda a instalarnos en un lugar y a ver las condiciones que nos rodean, pero básicamente estamos hablando de los vínculos afectivos, de lo que le pasa a la gente.

—¿El texto de Sándor Márai ayudó o complicó tu interpretación?

—Ese texto nos da tantas posibilidades porque habla de lo que le pasa a la gente, y eso siempre te ayuda. La gente no es unívoca, es contradictoria, y acá plantea las contradicciones de estos personajes. Yo estoy maravillado, en mi caso me tocó cambiar de compañera de trabajo, ya que lo arrancó una actriz (Andrea Bonelli) y ahora está Victoria (Onetto). Eso modifica mi trabajo, cosa que me alegra y me hace sentir vivo arriba del escenario, me da la posibilidad de complejizar un personaje y plantearlo desde otro punto de vista.

—En los 80 eras un galán de la televisión y el cine...

—(Interrumpe) Sí, pero ese rol me tocó hacerlo por la edad, hacía de galán, pero no era mi objetivo en la vida, yo siempre fui actor.

—De todos modos el rol de galán lo supiste mantener en la madurez, y lo demostraste muy bien en la interpretación de Pepe al seducir a Elena en "Dulce amor".

—Eso es laburo (risas), o tal vez oficio, pero tiene mucho que ver con el trabajo.

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