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Armó el triunfo de la despedida

Ante un equipo ya descendido no cabía otro libreto. Y con algunos obstáculos que aparecieron, Central fue escribiendo esas líneas tal cual lo previsto.

Domingo 18 de Mayo de 2014

Los goles, además de ser amores, como dice el refrán futbolero, también tranquilizan. Que lo diga Central, que en medio de ese trajinar intenso que propuso desde que la pelota comenzó a rodar fue más voluntad que fútbol, hasta que encontró ese zapatazo de Méndez. Es que a partir de allí lo que comenzó a tejerse fue otra historia. Una historia en la que el envión anímico canalla y sus ganas de coparse fueron demasiado para la apatía y casi desidia futbolística por parte de Argentinos Juniors. El resultado: la clasificación a la Copa Sudamericana (ver página 2), de a poco se fue haciendo carne en la noche de Arroyito.

   Ante un equipo ya descendido no cabía otro libreto. Y con algunos obstáculos que aparecieron, Central fue escribiendo esas líneas tal cual lo previsto. La intensidad fue el denominador común, pero esa búsqueda contó con ciertos argumentos. Lo demostró el Canalla con ese cabezazo de Abreu (11’) desde una posición inmejorable, pero débil.

   El atajo llegó con un terrible zapatazo de Méndez, a los 21’. Golazo. También tranquilidad, que se potenció con esa estupenda tapada de Caranta sobre Lenis (23’) tras una gran asistencia de Pisculichi.
  Pero el partido no daba tregua. Central así lo quería. Porque lo fue a buscar otra vez, sin sacar el pie del acelerador. El pase milimétrico (pareció centró) terminó en los pies de Niell (25’) y en el segundo tanto canalla. El alivio fue mucho más pronunciado. Y pudo serlo en un par de ocasiones más, pero los cabezazos de Abreu y Berra y el remate de Carrizo no tuvieron el destino esperado.

   Claro que no todo fue color de rosas. Es que hubo momentos en los que la incertidumbre se posó en el Gigante y jugó su propio partido. Claro que fueron pocos minutos. Los que transcurrieron desde aquel terrible zapatazo de Iñíguez (25’ del complemento) hasta la formidable apilada y posterior definición de Cachete Acuña (38’), y los que fueron desde el cabezazo de Freire (41’) hasta el pitazo final de Castro.

   ¿En el medio qué? Un partido relativamente sencillo, que Central fue manejando con algunas limitaciones, pero, paradójicamente, con cierta solvencia. Lo primero tuvo que ver con que cuando se vio amenazado Niell terminó siendo una especie de volante tapón, con un equipo replegado, a la espera del zarpazo. Lo segundo, lo que tiene que ver con los puntos positivos quedó evidenciado con la calma de la que nunca se despojaron los jugadores.

   Y así, entre algún mínimo de angustia por lo ajustado del resultado, Central le fue poniendo el moño a un partido que abrió rápido y lo pudo trabajar de una manera mucho más cómoda. Fue triunfo, clasificación y despedida feliz.

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