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Aristimuño derramó la poesía hipnótica de sus canciones

El repertorio del rionegrino incluyó canciones de sus primeros discos y particularmente del quinto, "Mundo Anfibio", nominado a los Premios Gardel y a los Grammy Latinos.

Miércoles 10 de Julio de 2013

Crea climas desoladores, melodías jubilosas, se zambulle en un océano de sonidos electrónicos para luego irrumpir con ritmos folclóricos. Y sale invicto. Lisandro Aristimuño se presentó el lunes en el teatro El Círculo con entradas agotadas y demostró que es un artista versátil que se supera en cada show.

Luego de una intro inquietante con un video de un ojo parpadeando en una magna pantalla que cubría todo el escenario y sonidos selváticos, Aristimuño arrancó el show con su guitarra interpretando "Elefantes", acompañado de su banda, Los Azules Turquezas, que incluye una batería, un charango, un cuarteto de cuerdas con dos chelos y dos violines, y a su hermana Rocío en percusión y coros. "Ver este teatro tan hermoso así de lleno me emociona, espero dar lo mejor de mí", anticipó el artista poniendo de manifiesto su humildad. El repertorio del rionegrino incluyó canciones de sus primeros discos y particularmente del quinto, "Mundo Anfibio", nominado a los Premios Gardel y a los Grammy Latinos.

Los sonidos de Aristimuño no son sólo eso, son películas con introducción, nudo y desenlace, son melodías que buscan, interceptan, chocan y encuentran. El artista ensambla cada pieza visual, sonora y estética para dar como resultado una obra de arte sublime. El positivismo de "Azúcar del estero" o "Me hice cargo de tu luz" mutó en una pieza absolutamente desgarradora: "La última prosa", de esas canciones que te retuercen la panza de melancolía. Luego una tormenta visual se apoderó de la escena en "Plug del sur", Lisandro logró calmarla con su voz e hizo estallar los aplausos del público una y otra vez.

¿El episodio más emotivo del concierto? El homenaje al inmortal Luis Alberto Spinetta que Aristimuño le dedicó "con todo el amor del mundo" en su canción "Green lover", donde los coros y el cuarteto de cuerdas jugaron un rol fundamental. Minutos después el ambiente se tiñó de "amor amarillo" con una versión suave y extraordinaria de "Avenida Alcorta", del gran Gustavo Cerati. Imposible no emocionarse con la versión de chelo y voz de "Azules turquesas", homónima a su primer disco, una de las últimas en sonar antes de "Es todo lo que tengo y es todo lo que hay", que marcó el final de este viaje sonoro.

Aristimuño sabe crear climas extensos como los islandeses Sigur Rós o los estadounidenses Explosions in the Sky, logrando hacer un show de casi tres horas con más de una veintena de canciones, manteniendo al público cautivo en su propuesta alternativa e independiente. El artista transmuta la anécdota en poesía y ruge cada estrofa con la fuerza de un león pero con la tranquilidad de ese chico rionegrino que supo hacer su camino paso a paso, recordando que del sur vino y hacia el infinito va.

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