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Argentino es un barco sin timón

Perdió 4-2 en el Olaeta, en un partido en el que dilapidó varias chances en ataque y cometió errores infantiles en defensa.  

Lunes 15 de Abril de 2013

En Argentino es tiempo de vacas flacas, de números que no cierran. Ayer el Salaíto sumó su quinta derrota consecutiva y en el balance de los noventa minutos mostró viejos errores pero también una actitud distinta: más allá de sus limitaciones nunca bajó los brazos.

El equipo de barrio Sarmiento está en medio de una tormenta, con un barco inmanejable para cualquier piloto. Le cuesta ser un equipo con equilibrio, se equivoca demasiado y no suma cuando tiene sus chances. Como si esto fuera poco, la suerte también lo esquiva.

Ayer, si bien San Martín entró más incisivo, fue el conjunto local el que permitió, con su desconcierto e imprecisiones, que la visita anotara el primer tanto del partido cuando apenas habían transcurrido tres minutos. Nicolás Sironi intentó salir jugando (algo que no se hace ni en un potrero) en lugar de reventar la pelota, perdió el balón y nació el primer gol, tras un disparo desde afuera del área de Mauricio Soto, que dejó sin chances al uno salaíto. Argentino sintió el golpe pero de a poco reaccionó. Reynoso se acercó con peligro pero siempre terminó sus jugadas rematando al arco, más allá de que varias veces tuvo algún compañero mejor ubicado para descargar.

El partido después se emparejó y hubo pocas llegadas de peligro. Una de ellas, quizás la más clara hasta ese momento, la tuvo Reynoso, quien con toda la defensa visitante mal parada, recibió un pelotazo para quedar mano a mano con Scurnik, pero la pelota le picó mal y el peligro se diluyó.

A los 40’, San Martín estiró la diferencia. Desborde por la derecha, centro y penal a Daniel Sosa (lo tomaron de la camiseta), que Milano cambió por gol.

Antes de que finalice el parcial, Reynoso tuvo otra chance. Quedó habilitado solo contra el arquero, pero demoró una enormidad para definir lo que posibilitó que Villalba se rearme y llegue a molestarlo, y cuando el delantero pateó, su remate se fue desviado.

En el complemento se vio lo mejor de Argentino. El ingreso de Gustavo Sosa le dio otro aire al equipo, que empezó a tener mayor presencia en el área rival y tuvo su premio con un golazo desde afuera, que dejó sin chances a Scurnik.

El gol le dio ánimo al local, que vio que el empate era posible. Así empezó a asediar a su rival y tuvo tres chances concretas para marcar, pero por distintos motivos no lo hizo. El vuelto fue letal y en dos minutos San Martín marcó dos goles (Soto y Recchia) que terminaron siendo decisivos.

Pero Argentino salió a quemar las naves. A los 36’ lo bajaron a Sosa dentro del área y Vázquez cambió el penal por gol. El partido ganó en emotividad ya que el conjunto de Díaz salió a jugarse todo por el todo. A los 44’ tras un cabezazo de Mancilla, la pelota pegó en el travesaño, picó adentro y salió, sin que el árbitro y el asistente se inmuten. Después no hubo tiempo para más y así el Salaíto sumó una nueva derrota, que lo sigue complicando en la tabla de los promedios para la próxima temporada.

Opciones equivocadas

Si bien el equipo tuvo una actitud que no había mostrado hasta ahora, no le alcanzó para poder dibujarle una sonrisa a su sufrida hinchada. Según Jorge Díaz, “en el momento en que éramos dominados cometimos errores infantiles, como el del arquero (Sironi) en el primer gol, que en lugar de reventarla decide salir jugando; y cuando teníamos opciones para crear también decidimos erróneamente, como Reynoso al fallar en los momentos clave de dar los pases. En el segundo tiempo, Argentino mejoró y mostró otra actitud, el equipo se plantó y el partido pudo haber terminado 4-3 de haber cobrado el gol que se nos negó. Creo que el resultado fue demasiado abultado para lo que sucedió dentro del campo de juego”, completó el DT.

Un árbitro con errores y fallos muy polémicos

El árbitro Carlos Lozano tuvo una actuación menos que discreta. No expulsó a Garay tras una dura infracción contra Diego Merlo en el complemento. Sin embargo, la equivocación más notoria fue cuando no sancionó el legítimo gol de Milton Mancilla para el dueño de casa. Tras un centro, Mancilla metió un foribundo cabezazo en el que la pelota pegó en el travesaño, picó adentro y salió, pero el juez no se dio por enterado.

 

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