Miércoles 02 de Julio de 2014
Futbolísticamente hablando, en la Argentina violenta en que vivimos, creo que es hora de parar la pelota, levantar la cabeza, y mirar las características que tiene el partido que estamos jugando. Cada día que pasa tiene su carga de muertes inocentes, de robos, de mentiras y de una grosera inmoralidad que nos afecta a todos por igual. No crea el funcionario o el gobernante que está exento de responsabilidad y padecimiento en todos estos males. Es más, respecto de los homicidios, la pregunta que Dios hace en la Biblia a Caín, tras la muerte de su hermano Abel, es para todo ser humano, sea cual fuera la función social que ocupe y la responsabilidad que le quepa ante la Justicia humana en estos hechos. “¿Qué has hecho? Habla la sangre de tu hermano y desde la tierra grita hasta mí”, le dice a Caín el Todopoderoso. Ante este panorama, me parece oportuno citar a Kierkegaard, diciendo: “Nadie debe tener el coraje de tratar la vida del Cristo como curiosidad despreciable. Cuando Dios se encarna y se hace hombre, no se trata de una fantasía, de una sutileza a manera de empresa. No, este acto de Dios, ese hecho, es lo serio de la vida”. A lo que agrega: “Ahora he hablado –dice Dios en los cielos– volveremos a hablar en la eternidad. Hasta entonces, depende de ti que hagas lo que puedas, pero el juicio te espera”.
Daniel Eduardo Chávez