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Argentina o el Obelisco

Recambio presidencial. Una de las peculiaridades de las próximas elecciones, que darán inicio al poskirchnerismo, es que tres de los principales candidatos se vinculan de modo profundo con Buenos Aires.

Miércoles 24 de Septiembre de 2014

Hay dos obras, que yo recuerde, dos obras teatrales en donde la mención al Obelisco es básica. Una de ellas es "Historia para ser contadas", de Osvaldo Dragún. Uno de los personajes vende muñequitos, explica que los vende en la explanada del Obelisco y dice en su texto: "Carlos Pellegrini y Corrientes, por abajo pasan tres líneas de subterráneo, y por arriba, como un monumento, han puesto el Obelisco"... La otra es la obra de Walter Operto "Ceremonia al pie del Obelisco", una fenomenal alegoría política de los 60/70.

Si hay algún falo que representa a la Argentina es el Obelisco. Y si hay algo que representa el centro, no geográfico —aunque lo es—, el centro político, el ombligo de la política en la República Argentina, es Casa Rosada, Cabildo… Buenos Aires, Obelisco.

En la democracia nacida en 1983 los presidentes han sido tan pocos que es fácil recordar. Venido de Chascomús, Alfonsín les armó lío, no eran costumbre sus simplezas. Al "establishment" porteño le armó un lío total diciendo nos llevamos la capital a otro lado.

Después, con pista en Anillaco, que ahora está llenándose de yuyos, y los chivitos riojanos, fuera de temporada, toda la comparsa que acompañó a Menem, desde las patillas, el poncho y todos los funcionarios riojanos (muchos no servían para nada pero eran riojanos). Diez años. Buenos Aires debió acostumbrase a una peregrinación a Anillaco cuando Menem se iba para allá con su séquito. Una caravana de la alegría. Buenos Aires domesticó a Menem, pero debió fumarse Anillaco. Convivimos en esa relación absolutamente absurda entre un pueblito riojano y el poder central. Viva la Ferrari.

Después de eso vino De la Rúa, el interregno, la nada. Después de la nada la nada misma. Dos, tres, cinco, cualquiera. Finalmente Duhalde. Poco tiempo, mucha violencia, soberano desastre.

Después del desastre los Kirchner. Otra vez una peregrinación, pero esta vez no para el chivito riojano sino para el cordero patagónico. Y otra vez un sitio, en este caso mucho más feliz, Calafate, en donde los terrenos, que costaban 10 pesos el metro cuadrado se convirtieron en terrenos de 150 dólares el metro cuadrado. Calafate se lo merece, lo que no se merece es el formato. Por estos diez, doce años, las peregrinaciones a Calafate y la serie de funcionarios absurdos buena parte de ellos, vienen del sur o estuvieron en el sur pese a haber nacido en otro lado. La repetición es visible. Viva Louis Vuitton.

La semejanza es mayor. Relaciones carnales. Hijos. Enojos. La "re-re". Se viene una renovación presidencial. Lo que aparenta es que tanto los medios de comunicación porteños como los grandes capitales que suman las cien empresas que pueden manejar el país, están de acuerdo en que el presidente tiene que ser cercano al Obelisco.

Macri el más cercano, Massa que es de Tigre, y Scioli, que en realidad es un porteño trasladado a La Plata, que tiene una relación absoluta con la ciudad de Buenos Aires. Cualquiera de los tres representa a Buenos Aires y su "establishment".

¿Quién les joroba? Les joroba cualquiera que sea del interior. Historicamente se han encarnizado toda la vida con los Rodríguez Saá. Con De la Sota . Se han encarnizado con Binner, Cobos, Sanz. Binner, Cobos y Sanz son los posibles. Atención: si en las encuestas hay tres candidatos con el 25 por ciento cada uno, ¿ a qué se debe la no mención del cuarto espacio, el de centroizquierda progresista? Cordobés, mendocino y santafesino. Ninguno de los tres cumple el rol que Buenos Aires desea. No sienten "Buenos Aires" ni piensan en una ceremonia al pie del Obelisco.

En lo que sería la izquierda orgánica, que es el FAP —Frente Amplio Progresista—, que está a la izquierda del kirchnerismo, lo mismo que en el sector de Altamira, cada día mas cercano al FAP, hay líderes que no son proclives a enamorarse de los porteños; seamos justos: los porteños no son proclives a enamorarse de ellos.

Lo que se viene es el poskirchnerimo, en ese poskirchnerismo el centro de poder que es Buenos Aires quiere tener una injerencia desde el origen. Porque, convengamos, Menem los sorprendió; y convengamos, Kirchner también los sorprendió.

Sobre el 2015, para leer bien lo que está pasando, hay que incorporar que cierta prensa cuando dice "Macri, Scioli, Massa", está diciendo "los tres nuestros".

La República Argentina no es el Obelisco, vaya novedad. Que la República Argentina se hipercentraliza será la novedad. No se habla una palabra de federalismo, la idea es profundizar el centralismo (volvernos más unitarios).

Cuando en el 2015 se tenga que resolver la continuidad del régimen político en el que declamamos, democracia republicana, representativa y federal, y cuando tengamos que saludar al poskirchnerismo, debemos pensar de qué modo se para la República frente al Obelisco.

Lo que está en juego, claramente, para los próximos años. donde hay una montaña de dólares para la República Argentina con los hidrocarburos convencionales y no convencionales, lo que está en juego es el unitarismo porteño. Habrá que pensar si es o no es la República, lo que viene. Hoy ausente la democracia federal, y la representatividad destripada con los DNU y la emergencia económica, habrá que pensar si 2015 no suma a la República enfrentada con el Obelisco. Otro enfrentamiento más. Y van…

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