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Argentina no fascina con su juego, pero ganó por sus individualidades

Bastó que la pelota pasara o cayera en los pies de Messi, Higuaín y Di María para que Argentina se quedara con la última palabra de todo y se terminara la incertidumbre del resultado. Así respira esta selección de Alejandro Sabella.

Sábado 08 de Septiembre de 2012

Bastó que la pelota pasara o cayera en los pies de Messi, Higuaín y Di María para que Argentina se quedara con la última palabra de todo y se terminara la incertidumbre del resultado. Así respira esta selección de Alejandro Sabella. Así se siente cómodo este equipo que por largos momentos descuida bastante la fascinación colectiva, pero nadie es capaz de detenerlo en su paso triunfal en la tabla de posiciones de las eliminatorias sudamericanas. Anoche logró una vez más una victoria (3-1) con los atributos que ya son de conocimiento público: el poder de fuego de sus figuras más influyentes, con Lionel y Angelito a la cabeza de todos, y el virtuosismo de sus individualidades. Con eso le alcanzó y le sobró para ver cómo Paraguay se desinflaba en su intento por querer dar vuelta una historia que pareció sellada desde antes de que Messi clavara el tercero con un tiro libre.

Paraguay bajó el copete cuando Higuaín estampó el 2 a 1 y el trámite quedó a expensas de Messi, Di María y compañía. Un mérito de Argentina fue que supo ponerle la mano en el pecho justo a tiempo a su rival y además no fue permeable a la impaciencia que bajaba de las tribunas cuando Fabbro puso el empate gracias a un penal por una mano de Braña. Es que ahí llamó poderosamente la atención lo poco que se creyó la selección argentina el buen arranque que tuvo. Porque a los dos minutos ya ganaba 1 a 0 con ese golazo de Di María y no sólo no aprovechó ese escenario inmejorable sino que dejó que se le calentara la sangre a Paraguay. Recién cuando su adversario empezó a causarle algunos problemas con la movilidad de Fabbro y algún cabezazo aislado de Alcaraz, Argentina entregó las primeras soluciones con la receta de la casa. Entonces, los goles se le cayeron de los bolsillos al Pipita y Messi más allá de que el desarrollo tuvo sus rarezas porque Argentina no generó peligro como en otros partidos cuando juega de local.

La selección estuvo lejos de cumplir con una función completa. Es cierto que tuvo agallas, mantuvo cierta compostura táctica y no se dejó manejar la ansiedad por el reloj, pero también es verdad que dependió peligrosamente de la influencia de sus piezas estelares. Se notó que no hubo respaldo ni sincronización ofensiva para agarrar a Paraguay y zamarrearlo como a un muñeco de trapo. Tampoco lució interesado para saltar como un resorte cuando Paraguay insinuó alguna reacción.

Mucho antes del gol de Messi todo lo que ocurrió fue una pieza de relleno. Porque Argentina supo que Paraguay no tenía armas para hacerle daño y eso que Pelusso apeló a los ingresos de Haedo y Cardozo. Estaba tan nítida la postura de la selección que Sabella movió el banco por el mero suceso de darles minutos de competencia a Palacio, Guiñazú y Biglia.

Habrá que acostumbrarse a esta Argentina que cocina sus triunfos a fuego lento y con la misma cautela que demuestra Sabella para masticar cada palabra que dice en público. Por ahora esa pachorra le alcanza para ubicarse arriba en el camino hacia Brasil 2014.

 

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