Martes 12 de Agosto de 2014
En Argentina hay pobrecillos en los que el humo del asado expandido en el aire tiene efecto narcotizante, por lo que al olerlo sufren mareos. Según cuenta la historia, Heráclito (535 a.C-484 a.C) filósofo de la antigüedad, basaba su filosofía en el hecho de que todo está en un cambio incesante. En que el ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa. Y fundamentaba su pensamiento en una frase que decía: “En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos”. Fragmento éste que es citado con frecuencia, erróneamente, a través de la conocida frase: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”. Actualmente, en nuestro país, consumido por una inflación incontrolable, donde nada cambia, y donde quienes gobiernan nos hicieron creer a los pobres que el tradicional asado de carne vacuna produce cáncer -enfermedad que al parecer ataca solamente a los de bolsillos flacos, porque los señores que gobiernan no han cesado de consumir desde dicho anuncio los mejores bocados de tal alimento-, la famosa frase de Heráclito bien podría ser sustituida, debido a la diferencia de precio existente entre la carne de vaca y el pollo, por una que diga “En Argentina, nadie come dos veces el mismo pollo”. Increíblemente, el asado, que durante décadas fue una de las comidas favoritas y al alcance del bolsillo de todos los argentinos, hoy es un manjar del que disfrutan solamente unos cuantos, de alto poder adquisitivo. Los pobres, en cambio, para acceder al consumo del mismo, debemos recurrir al cooperativismo entre familiares y amigos; a los tradicionales “hagamos la vaca”, “hagamos un bolsillo”, o “lo hagamos a la canasta”, para poder acceder a la carne y a los demás menesteres que harán posible el ejercicio de las mandíbulas para saborear dicho menú exquisito (¡qué léxico, las cosas que me hace decir el “Ambrosio”!). Sin dejar de lado, obviamente, a nuestros hijos, que desde hace largo rato se vienen quejando de que cuando hablan ya no le salen palabras, sino un continuo pío, pío, pío… cuando tienen hambre y cuando tienen frío.
Daniel E. Chavez / DNI 12.161.930