Argentina le dijo adiós al sueño de la Copa Davis
José Acasuso perdió en cuatro sets frente a Verdasco y así España se quedó con la Ensaladera de Plata por tercera vez en su historia. Hubo un cruce verbal con periodistas en la conferencia de prensa que brindó el equipo argentino al final del partido. Argentina, que comenzó la serie como clara favorita, perdió una final también por tercera vez.

Lunes 24 de Noviembre de 2008

El final de la final. De la final que el mundo del tenis, especialmente el argentino, había imaginado, soñado y aventurado que tendría un desenlace feliz. Y qué lejos quedó esa pila de argumentos que catalogaban al equipo argentino como el claro favorito. Sobre todo por el resultado de 3 a 1 para los españoles. Con el score puesto, los discursos podrían virar y hablar ahora de que el exitismo sobrepasó a la realidad. Es cuestión de saber digerirlo y de entender que cuando los españoles hablaban de que Argentina era la que corría con el caballo del comisario lo decían de puro convencimiento. Al menos siempre dejaron esa impresión. José Acasuso no pudo quebrar el destino ni el camino por el que venía transitando esta final. Salió a poner el pecho en una situación extrema y falló en el intento. Fernando Verdasco terminó siendo el verdugo en un cuarto punto electrizante pero de bajo nivel tenístico. Tres horas y 56 minutos llevaron los cinco sets en que el zurdo español se impuso por 6/3, 6/7 (3), 4/6, 6/3 y 6/1.

Vaya la mención para un equipo que de las últimas tres ediciones de la Davis alcanzó dos finales. No es poco. Pero cómo contentarse ahora con "tan poco". Porque desde el momento en que se conoció el fixture, en 2007, el imaginario colectivo soñó, con muy buen tino, que Argentina se enfrentaba a la chance histórica de lograr su primera Ensaladera de Plata. Ni hablar cuando a pocos días de iniciarse la gran final el número uno del mundo, Rafael Nadal, se bajaba por lesión. Pero siempre hay un pero.

¿Estuvo bien sentirse tan superiores? ¿creer que, en condiciones normales, todo se resolvía con el dobles? ¿permitirle a Juan Martín Del Potro viajar a jugar el Masters de Shanghai? ¿enojarse porque fue y el físico le terminó pasando factura? Cuántas preguntas que hoy hostigan con una crudeza tal que parece imposible encontrarles una rápida respuesta.

El tiempo irá proporcionando y acomodando todo. De hecho, ante tal cachetazo, seguramente hay cosas por acomodar, más allá de los contratiempos que existieron, como la lesión de Del Potro el primer día.

Es probable que allí haya empezado a alejarse de la histórica chance. Que haya sido el punto de inflexión que llevó al capitán Mancini a barajar y dar de nuevo. A imaginar y diagramar no sólo el dobles del sábado, sino también los singles del domingo.

Y qué hablar de la ausencia de Rafa, del cambio de superficie, del mejor momento que acarreaban Nalbandian y Del Potro por encima de cualquiera de los singlistas españoles. Hoy sólo se puede hacer referencia a los lamentos, a la desilusión de ver viajar la Ensaladera hacia la Madre Patria, a la frustración que se suma a aquella de Cincinnati en 1981 y a la de Rusia en 2006.

Tal vez el aplauso del final del abarrotado Polideportivo Islas Malvinas en reconocimiento al esfuerzo sea un buen paliativo para capear la situación e intentar digerirla de la mejor forma. Aunque cueste, porque difícilmente se presente, al menos en el corto tiempo, una posibilidad similar. Por eso, argentino, si querés llorar, llorá.