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Argentina dejó en el camino a Bélgica y ahora enfrentará a Holanda con el sueño de llegar a la final

Encontró la llave del triunfo por sus méritos y porque lo favoreció el estilo de juego de Bélgica. El equipo albiceleste no accedía a instancias finales desde el Mundial de Italia.

Domingo 06 de Julio de 2014

 El aplomo de Demichelis en el fondo, el desgaste de Lavezzi de mitad de cancha hacia adelante, el aporte tradicional de Mascherano, la capacidad de Messi para manejar los tiempos del partido y la reaparición con todas las luces de Gonzalo Higuaín fueron las bases sobre las que se asentó la victoria Argentina sobre Bélgica por 1 a 0.

Quizás para muchos haya quedado la imagen del final, en el que los méritos de Argentina se debilitaron levemente por la necesidad de Bélgica de ir a buscar el partido. Pero el equipo dirigido por Alejandro Sabella pudo y debió definirlo antes. Sólo la mala puntería y la presencia de un seguro Courtois lo evitaron.

Tal cual se preveía, los europeos no negociaron su estilo. Sólo lo retocaron ligeramente por las características del rival. Y esa fue la llave. Argentina, con buenos rendimientos en líneas generales, se sintió cómoda en el rol de partenaire en los primeros minutos. Bélgica tenía la pelota y el equipo de Pachorra Sabella los espacios.

Ya a los 2 minutos Higuaín estuvo a punto de abrir el marcador en una contra. Leo Messi asistió a Ezequiel Lavezzi y el centro del Pocho fue rechazado por Daniel van Buyten con lo justo antes que la tocara el centrodelantero de Napoli.

Pero el Pipita pudo facturar a los 8’. Angelito Di María intentó asistirlo, la pelota pegó en Vertonghen y Gonzalo, con una repentización admirable, la clavó lejísimo de Courtois.

Aquellos espacios encontrados al principio se profundizaron. Y a medida que pasaron los minutos del desafío mucho más porque Bélgica estaba obligada a buscar cada vez más.

Otra gran asistencia de Messi en otro contraataque, esta vez a Angel Di María, terminó con la pelota rebotando en Vincent Kompany. Allí se lesionó Angelito.

Lo reemplazó el ex Estudiantes Enzo Pérez. Y aquí aparece un apunte verdaderamente trascendente para los partidos que vendrán. El equipo nacional no se resintió. Perdió a uno de los mejores jugadores por lesión, pero supo reemplazar su función.

Se suponía un segundo tiempo complejo. A los ya tradicionales problemas que tiene Argentina para defender habría que agregarle la furia de los belgas, que atacarían, como lo habían hecho en algunos pasajes del primer tiempo, con los 10 jugadores de campo.

Eso sí ocurrió. Pero sobre el final, cuando el zaguero Daniel van Buyten, por ejemplo, apareció varias veces como centrodelantero. Aquello que se presagiaba para el inicio del complemento fue exactamente al revés.

Argentina tuvo las chances más claras del partido, salvo un mano a mano de Lionel Messi en el final. A los 10’ de ese segundo tiempo bien pudo estar dos o tres goles arriba.

A los 6 minutos una gran jugada de Pipita Higuaín por izquierda terminó con un rechazo milagroso de Van Buyten al córner.

A los 7’ un centro lanzado con precisión del Pocho Lavezzi, al cabo de una muy buena jugada de conjunto, recorrió toda el área sin que nadie pudiera tocarla.

Noventa segundos más tarde, el juvenil arquero Thibaut Courtois mandó al córner un centro envenenado del capitán rosarino Messi que casi se le mete.

Y a los 9’ Higuaín arrancó pasada la mitad de la cancha hasta que quedó mano a mano con el uno europeo, que viene de destacarse en Atlético de Madrid. La pelota rebotó en el travesaño con toda su furia y con el arquero totalmente vencido.

Después empezaron a llover los centros. Y encima con un potente y recién ingresado Romelu Lukaku adentro de la cancha. Falló Sergio Romero un par de veces, rechazó el Negro Ezequiel Garay otras y el partido se fue extinguiendo lentamente.

A pesar de la zozobra, la selección argentina tuvo la más clara de allí al final cuando el capitán Leo Messi encaró con balón dominado bajo su suela zurda y no pudo vencer a Courtois en un mano a mano casi condenatorio para el buen guardameta.

Luego llegó el pitazo final. Y un larguísimo festejo de todos los argentinos, que se prolongó hasta nuestro país automáticamente. Y la descarga. Ellos, los jugadores, sabían perfectamente que habían hecho un muy buen partido en Brasilia. Y no es poca cosa porque se avanzó un paso más hacia el gran objetivo.

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