Argentina, capital de la queja (II)
Leímos en Carta de los Lectores del pasado miércoles 20 un comentario que manifiesta su incomodidad por la abundancia excesiva, según el autor, de quejas y comentarios negativos a los cuales nos hemos acotumbrado los argentinos; o mejor dicho, que hoy padecemos los argentinos. 

Sábado 23 de Febrero de 2013

Leímos en Carta de los Lectores del pasado miércoles 20 un comentario que manifiesta su incomodidad por la abundancia excesiva, según el autor, de quejas y comentarios negativos a los cuales nos hemos acotumbrado los argentinos; o mejor dicho, que hoy padecemos los argentinos. Con inmensa alegría concluyo al leer que se trata de un joven de 17 años. Qué satisfacción reconocer, más allá de mis convicciones al respecto, que no todo está perdido y que el futuro está en buenas manos. Que sólo la paciencia y el progresivo desinterés por los hechos y las noticias, hoy más que tendenciosas y amarillistas, que se aprovechan de una madurez social retrasada y postergada por los que nos privaron la posibilidad de pensar y actuar con libertad, hoy vetustos dirigentes cuyo ciclo biológico por suerte está limitado, tiene su próximo final anunciado, y el recambio abre esperanzas. Estimado joven, gracias por el mensaje, tan distinto a la inmensa mayoría de los que hoy escuchamos y padecemos, muchas veces risueñamente por lo reiterado, mal intencionados y groseramente conducidos, en ustedes está el futuro de una sociedad más limpia, más corporativa y que cada vez esté más lejos de dejarse manejar por los mensajes subliminales o directos de los que creen seguir en el tiempo de Roca, robándole propiedases a los indios, envenando las mentes en lugar de los asados como en antaño. Gracias por tu pensamiento y ojalá que en tu madurez no claudiques de esta reflexión, sino que la comuniques a todos quienes te rodean y puedas tomarlo como un modo de vida, que sepa diferenciar y rechazar de plano los que dañan con sus mensajes, haciendo que los idiotas útiles sean un mal recuerdo.

Norberto Ivaldi