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Argentina busca el camino a la gloria ante Alemania por un título histórico en el mítico Maracaná

Es complicado mezclar al deporte con la patria, el país lo ha sufrido durante décadas, pero es el pueblo futbolero el que decide enarbolarse detrás de un sueño. Muchachos, salgan y háganlo.

Domingo 13 de Julio de 2014

 “No somos un equipo, somos un país”. La frase escrita en los cristales que traslada por todo Brasil al ómnibus de la selección argentina parece ser una síntesis perfecta del momento. Es complicado mezclar al deporte con la patria, el país lo ha sufrido durante décadas, pero es el pueblo futbolero el que decide enarbolarse detrás de un sueño. Y no hay por qué interrumpirlo.

Argentina desanda las últimas horas antes de afrontar la quinta final de una Copa del Mundo y el país está detrás. Las expresiones multitudinarias del Monumento a la Bandera o el Obelisco tras los penales con Holanda se ven a más de 2.000 kilómetros de distancia de otra manera. Permiten encontrarles respuestas a las mil y una historias de ciudadanos que decidieron viajar con una mano atrás y otra adelante, a como dé lugar y sin chance de ingresar al estadio, tan sólo para estar cerca de la selección. Y ahí están ellos, los jugadores, sus representantes, a 90 minutos o un poco más de la gloria eterna. Ser campeón del mundo es obtener la gloria eterna.

El sol de Río, esquivo en los días previos, acompaña la llegada masiva de argentinos que parece no terminar nunca. Es una ciudad tomada. Los mismos brasileños reconocen que nunca vivieron algo igual. Parece increíble por las dimensiones de la metrópoli carioca, pe

ro a cada paso se encuentra un argentino que viajó aunque sea para estar cerca. Para no perderse las sensaciones indescriptibles que genera la inminencia de la final de un Mundial. No hay nada que se le compare. Absolutamente nada.

El plantel, aunque abstraído de lo exterior, tiene las mismas sensaciones. Porque más allá de que se los mantenga en una burbuja, ellos ven lo que generan cuando ganan. Ellos estaban adentro del ómnibus cuando llegaron al hotel Radisson de Barra de Tijuca y vieron y sintieron las muestras de cariño. Fue sólo una muestra, pero ellos también son argentinos, saben lo que representa el fútbol para el país.

“No somos un equipo, somos un país”. En otro contexto suena exagerado. Vinculado al fútbol no. Es la genética del ser argentino.

Mientras se acerca la hora, las 16 de hoy, la excitación avanza sin posibilidad de control. Todo un país está pendiente de las 4 de la tarde. Habrá almuerzos frugales, reuniones multitudinarias, sufrientes solitarios. Mientras, en la cancha, en el mítico Maracaná, allí mismo donde empezó el camino, 11 héroes futbolísticos, son héroes para el pueblo, pelearán por ocupar un lugar sagrado en la historia del fútbol argentino. Al lado de los campeones de antaño.

Ya no interesa ninguna consideración previa ni los muchos antecedentes ni los defectos ni las virtudes. Solamente importa ganar.

Debe consignarse que la selección cumplió ampliamente con las expectativas, pero esa referencia-consuelo no tiene ningún valor. A nadie le interesa, menos a los jugadores. Hace 28 años Maradona levantaba la Copa del Mundo en México y el país vivía uno de los momentos de mayor euforia popular de su historia. Hoy, el pueblo quiere repetir. Quiere sentirse propietario de una hazaña deportiva que está reservada para muy pocos países en el mundo entero. Encima, como si no fuera suficiente con ser protagonista de semejante acontecimiento, se da en la tierra del rival de toda la vida. Ese mismo al que se le quiere ganar de cualquier forma.

Ellos todavía están abrumados por la eliminación, no terminan de reaccionar, pero saben que si esta tarde gana Argentina, el impacto será igual o peor al que sufrieron frente a Alemania.

Es el combo soñado. El libreto perfecto. Sólo falta el final feliz. Eso será responsabilidad de los jugadores que, abstraídos, protegidos en una burbuja, saben de todas maneras que hoy es el día. Es el momento. Es la final de la Copa del Mundo, la misma que Argentina jugó por última vez hace 24 años, la misma que ganó hace 28. La misma que millones de argentinos nunca pudieron disfrutar, que no saben de qué se trata pero empiezan a intuirlo.

Muchachos, salgan y háganlo.

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