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Argelia terminó la toma de rehenes mediante un cruento asalto final

Al Qaeda ataca en Africa. Luego de cuatro días de violencia, las tropas de élite argelinas aniquilaron a los últimos extremistas. Oficialmente murieron en total 23 rehenes y los 32 terroristas. Pero se estima que los cautivos caídos serían al menos 37.  

Domingo 20 de Enero de 2013

En un final previsiblemente sangriento, fuerzas de élite argelinas irrumpieron ayer en el último reducto que mantenía en un complejo gasífero en el desierto del Sahara un comando de extremistas islámicos. El asalto se saldó con 11 extremistas y al menos siete rehenes muertos. La toma de rehenes comenzó el miércoles a la mañana, cuando todo el complejo gasífero, con cientos de trabajadores locales y al menos 132 extranjeros, cayó en manos del comando islamista, autodenonimado "Los que firman con la sangre". El grupo procede de la rama local de Al Qaeda. En estos cuatro días Argelia nunca cedió, ni a las exigencias de los extremistas ni a los ruegos de los países con ciudadanos capturados. En total, el brutal episodio dejó 23 rehenes muertos y a los 32 milicianos del comando atacante abatidos, según cifras del gobierno argelino. Pero cálculos extraoficiales elevan esos números a al menos 37 rehenes muertos.

Dado que surgían pocos detalles desde el apartado lugar en el suroriente de Argelia, tampoco estaba claro si alguien fue rescatado en la operación final de ayer. Pero la cifra de rehenes muertos ayer —siete— es la que los milicianos habían dicho esa mañana que aún tenían en su poder. El gobierno señaló que las cifras eran provisionales y que no se han contabilizado algunos extranjeros. Se cree que los siete rehenes muertos son extranjeros: tres belgas, un japonés, dos estadounidenses y un británico.

El día inicial.El asedio a la planta procesadora de gas de In Amenas,fue uno de los episodios de toma de rehenes de mayor escala y peor saldo. El miércoles a la mañana, la milicia de 32 comandos tomó a los trabajadores como rehenes, mientras los militares argelinos rodeaban el complejo y los helicópteros de ataque sobrevolaban la zona. Durante cuatro días de altísima tensión, surgieron reportes de combates y de fugas. Lo cierto es que el jueves las fuerzas de elite argelinas lanzaron un asalto en gran escala. Ese día se informó de la liberación de un centenar de rehenes extranjeros y de casi 600 argelinos, aunque con bajas: al menos 30 rehenes de todas las nacionalidades y 11 terroristas murieron ese día, según información no oficial brindada en ese momento. Las autoridades dieron por terminada la crisis, pero pocas horas después se supo que un grupo de extremistas aún resistía dentro del enorme complejo junto con una treintena de rehenes. Esta situación se saldó la mañana de ayer con el asalto final.

La respuesta de Argelia a la crisis fue la típica en la historia de las operaciones del país para confrontar a los terroristas islámicos. El gobierno siempre ha preferido la acción militar a la negociación. Los argelinos reivindican su línea dura y aseguran que es parte de su política antiterrorista, y que no la cambiarán pese a las presiones de las potencias occidentales. Varios países europeos negocian casi rutinariamente la liberación de sus ciudadanos secuestrados en Africa del Norte y Medio Oriente por bandas armadas, generalmente vinculadas al islamismo radical. Sólo Estados Unidos e Israel tienen como política de Estado no negociar en estas circunstancias.

Explosivos. Sonatrach, la empresa petrolera estatal que maneja la instalación junto con la británica BP y la noruega Statoil, informó que los milicianos habían colocado explosivos en toda la refinería. Esto sugiere que los atacantes tenían intenciones de volar la instalación, una de las mayores de Argelia. De hecho, durante el asalto del jueves hicieron estallar varias cargas para cubrir su retirada hacia otro sector del lugar.

Argelia ha combatido a los rebeldes islamistas en su territorio desde el inicio de la década del 90. Algunos extremistas se aliaron después a Al Qaeda y crearon nuevos grupos en las zonas empobrecidas y mal vigiladas del Sahara, donde convergen las fronteras de Níger, Mali, Argelia y Libia.

Los milicianos cruzaron desde Libia por la frontera que se ubica a unos 100 kilómetros de la planta y atacaron un par de ómnibus que transportaban a trabajadores extranjeros hacia el aeropuerto de In Amenas. La escolta militar de los vehículos repelió a los atacantes tras un tiroteo en el que perecieron un británico y un argelino.

Los milicianos se dirigieron entonces al complejo de gas, que se divide entre el espacio habitado por los trabajadores y la refinería. Tomaron la instalación y capturaron a cientos de rehenes. El flujo de gas hacia el complejo se interrumpió. El jueves, helicópteros argelinos abrieron fuego contra un convoy que transportaba a los secuestradores y a sus rehenes, lo que derivó en un número indeterminado de muertes. En ese momento medios internacionales hablaron de 30 rehenes muertos y 11 extremistas abatidos.

Relato de un sobreviviente.Antes del último asalto, un rehén liberado el jueves describió las peripecias de su fuga. Rubén Andrada, de 49 años, un ingeniero filipino, relató a AP que un helicóptero artillado argelino disparó a los vehículos que transportaban rehenes en manos de los insurgentes. El jueves, unos 35 rehenes fueron metidos en siete vehículos en el que viajaban siete insurgentes, relató Andrada. Los rebeldes colocaron un "cordón detonante" en sus cuellos y les advirtieron que estallarían si intentaban escapar. Posteriormente iban a una planta de gas cuando fueron atacados por un helicóptero que disparó a los vehículos. "Cuando salimos del recinto las balas zumbaban por doquier", contó Andrada. "Cerré mis ojos: viajábamos por el desierto. Confié todo a mi suerte. Cuando el insurgente que iba detrás de mí disparó contra el helicóptero artillado, el ruido fue ensordecedor. Giramos súbitamente a la izquierda y nuestro jeep Land Cruiser volcó sobre el costado derecho, donde me encontraba. Estaba inmovilizado por la persona junto a mí. Podía escuchar un helicóptero y sólo aguardaba que me alcanzara un balazo". Posteriormente vio los restos calcinados de otro vehículo y una pierna cercenada de uno de los insurgentes. Otro rehén, un irlandés, dijo haber visto una cabeza de una de las personas que viajaban en el vehículo. Andrada dijo que su vehículo se separó del convoy y volcó, lo que le permitió huir junto con el resto de los ocupantes.

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