Buenos Aires.— Una pareja acusada del asesinato del teniente de la policía
bonaerense Aldo Garrido en un comercio de San Isidro fue detenida ayer en su casa de la localidad
de Pablo Podestá, donde se hallaron las dos armas utilizadas para perpetrar el homicidio y otros
elementos de prueba, informaron fuentes policiales y judiciales.
Con los sospechosos ya apresados, los restos de Garrido fueron inhumados en el
cementerio de San Isidro, donde familiares, vecinos y compañeros realizaron un emotivo aplauso que
se prolongó varios minutos. Poco antes, el paso del cortejo funebre por las calles que custodiaba
el teniente hasta el momento del crimen, fue acompañado por un sinnúmero de comerciantes que
cerraron las puertas de sus locales en señal de duelo y arrojaron flores al paso del carruaje.
"Tenemos el hecho debidamente probado y esclarecido", afirmó ayer Daniel
Salcedo, jefe de la policía bonaerense, mientras que el ministro de Seguridad de la provincia,
Carlos Stornelli, adelantó que se presentará como querellante en la causa para reclamar que se
condene a los autores del hecho a la pena de reclusión perpetua. Los dos funcionarios estuvieron
presentes en el sepelio del uniformado y debieron soportar las críticas y los reclamos por mayor
seguridad.
Los detenidos fueron identificados por las fuentes como Néstor Luque y Débora
Acuña, ambos de 29 años, el primero de los cuales había salido de prisión el 2 de febrero tras ser
excarcelado por un tribunal oral de San Martín en una causa por robo calificado. Al ser apresados,
se hallaban junto a su hijo de 5 años y un hermano de la mujer, que también quedó detenido pero
como sospechoso de ser cómplice en otros robos.
Las pruebas. Un investigador relató que dieron rápidamente con los autores del homicidio porque
cuando la Policía Científica llegó a la escena del crimen halló dos boletos de un colectivo que los
acusados habían tomado esa misma mañana desde Pablo Podestá a San Isidro. El lapso del viaje, de
casi una hora, era compatible con el horario en el que se cometió el homicidio. Pero además, los
maleantes dejaron en el lugar un llavero con la foto de un niño vistiendo un uniforme de jardín de
infantes.
Con el dato de que los delincuentes podrían vivir en Pablo Podestá, los
pesquisas recorrieron la tarde del martes algunos jardines de infantes de la zona, donde pidieorn
ver fotografías de los alumnos. En uno de los establecimientos se encontró una foto grupal de un
acto de fin de año en la que aparecía el niño y las autoridades dieron a la policía el nombre del
alumno y el domicilio de la familia.
Al entrar a la casa, los pesquisas se encontraron con varios bolsos que daban
indicios de que la pareja estaba a punto de escapar. "Las armas están en el baño", les dijo
resignado Luque a los policías y allí se secuestraron una pistola calibre 9 milímetros y un
revólver calibre 32 que, tras los peritajes, se comprobó que eran el arma de Garrido y otra usada
en el asalto.
Según la autopsia, Garrido recibió dos balazos de su propia arma y otros dos del
revólver, pero aún no se pudo determinar si los disparos los efectuó sólo Luque o también su
mujer.
Los sospechosos serán indagados en las próximas horas por el fiscal Diego
Callegari y también está prevista una rueda de reconocimiento con las empleadas del comercio
asaltado que presenciaron el crimen.
El crimen. Garrido, de 61 años y 31 en la fuerza, fue ejecutado de cuatro balazos cuando quiso
frustrar un robo al local de ropa Kevingston de Chacabuco 361, a la vuelta de los tribunales de San
Isidro. El asalto fue cometido por una pareja que, al ver al policía, lo redujeron, le quitaron su
arma y lo ejecutaron.
Garrido estaba en edad de jubilarse, pero el lunes le habían comunicado que
seguiría unos meses más en actividad, lo que lo había puesto contento ya que no deseaba aún dejar
de trabajar. Es que el teniente hacía muchos años que custodiaba la misma zona y hasta conocía a
los vecinos por sus nombres. De allí que el martes, al conocerse el hecho, la gente del barrio
saliera a las calles en señal de apoyo, los comerciantes bajaras sus persianas por el duelo y hasta
el mismo municipio ordenara bajar las banderas a media asta y colocarles un crespón negro.
Por la noche, la catedral de San Isidro se vio colmada de gente en una misa que
se hizo en honor de Garrido y ayer el dolor se apoderó de la población cuando acompañaron el
féretro hasta el cementerio de esa localidad.
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(Télam)
Ejemplar
El gobernador bonaerense Daniel Scioli calificó a Garrido como “un policía
ejemplar” y reconoció estar “ante el desafío más difícil de mi vida personal y de mi
carrera política”. Además agregó: “Hoy su barrio lo llora, pero su cobarde y brutal
homicidio no nos hará retroceder como sociedad en la lucha contra la inseguridad”.