Aprender a quejarnos
Me pregunto constantemente por qué aquí en la Argentina es común la mala atención al cliente. Fácil es culpar a las empresas o enojarse con el trabajador que nos atiende del otro lado de una máquina, si tuvimos suerte de que nos atendieran.

Domingo 10 de Junio de 2012

Sinceramente me siento defraudado. Me pregunto constantemente por qué aquí en la Argentina es común la mala atención al cliente. Fácil es culpar a las empresas o enojarse con el trabajador que nos atiende del otro lado de una máquina, si tuvimos suerte de que nos atendieran. Ellos no son más que simples obreros que cumplen ordenes para no perder su sustento de vida. Pero entonces, ¿a quien culpamos? ¿con quién nos las agarramos? Y la respuesta es una sola: con nosotros. Cuántas veces les ha tocado ir a una ferretería u otro comercio y escuchar que un producto no posee garantía, o al llevarse un producto le dicen que en caso de fallas no hay cambios. O volver a un local por una falla de un producto que se compró y le dicen que justo eso que uno va a reclamar no lo cubre la garantía. Cuántas veces nos han tratado mal en dichos comercios y uno ha sentido la mayor de las impotencias. A la hora de nuestro reclamo, nadie parece conocer la ley de Defensa al Consumidor que en su articulado dispone que todos los productos nuevos tienen una garantía mínima de seis meses, y los que son usados una garantía mínima de tres meses. Y sigo, cuántas veces sino todas, no nos otorgan facturas en los locales donde hacemos las compras de manera habitual. No olvidemos que la factura no es únicamente un elemento fiscal, sino nuestra inmediata prueba de la compra o servicio que adquirimos. Pero, ¿quiénes son los culpables de todo esto? Nosotros. Los consumidores tenemos que aprender a quejarnos. Siempre por miedo a no hacer un escándalo o papelón no lo hacemos, o tememos denunciar por miedo a quedar como "buchones" o nos escudamos en el clásico axioma de "para qué si no va a servir para nada". Hace no mucho vimos como una simple oposición ciudadana en un conocido boliche hizo que los vecinos hablaran. Gracias a su queja, gracias a sus denuncias, impidieron la apertura de un boliche bailable. No tenemos que descreer de todo, las empresas abusan de nuestros derechos por culpa de nuestra conformidad. Si uno se queja, y si es necesario, llega a la Justicia, ésta responde. Recuerdo una nota que salió publicada en este mismo diario donde un consumidor le realizó una demanda al Coto porque le habían cobrado una guirnalda a un monto que no era el publicitado, y terminó ganándola. La actividad ciudadana no se tiene que limitar al voto, no es el único acto donde el pueblo se puede expresar, nos podemos expresar denunciando, quejándonos y exigiendo. Hemos avanzado mucho legislativamente, y seguimos avanzando, pero las leyes no tienen fuerza alguna sin un ente que controle su cumplimiento. Y aquel ente que tiene que controlar su cumplimiento es el ciudadano, el consumidor. Necesitamos aprender a quejarnos, a ser exigentes, a no conformarnos. Necesitamos aprender que el poder no es absoluto, es sólo una relación que depende más de la persona que sufre su ejercido que de aquel que goza los beneficios de este.

Roque Perrone
DNI 28.912.920