Viernes 29 de Mayo de 2009
Una novia italiana se escapó tras la boda con el amigo del marido, al que dejó plantado junto a los invitados en un restaurante en Trieste (noreste de la península). La boda tuvo lugar el sábado pasado entre Andrea, un empleado de banca de 34 años, y Sara, una chica de 30, empleada en una financiera de Montefalcano, tras diez meses de relación.
Sara llegó puntual a bordo de un automóvil guiado por el amigo de su marido al Ayuntamiento, en la plaza de la Unidad, y vestida de color marfil fue recibida por el novio y por una treintena de invitados. Una ceremonia modesta en la que no tenían previsto ni siquiera viaje de novios.
Después del sí quiero, de las fotos de rigor y del lanzamiento de arroz, la novia pidió ir a cambiarse para estar más cómoda en el banquete y marchó acompañada por el amigo de su marido, quien desde hacía meses jugaba al fútbol con él y que la había llevado en el coche hasta el Ayuntamiento.
El marido y los invitados fueron al restaurante y allí, mientras esperaban, brindaron una y otra vez por la felicidad de los novios, hasta que al cabo de una hora y sin que llegara la novia, empezaron a sospechar de que algo no iba bien y comenzaron las llamadas al celular móvil de Sara. Estaba apagado.
Poco a poco "se fue creando un ambiente de funeral" en el restaurante, según recordaron testigos.
Tras un par de llamadas al amigo del novio, al cabo de hora y medio respondió y pasó el teléfono a Sara: "He comprendido que he cometido un error. Lo siento, mi corazón me lleva a otra parte", dijo al estupefacto marido.
La nueva pareja partió en viaje de luna de miel hacia Grecia, mientras que al marido no le quedó otra que quitarse el anillo y dirigirse a una abogada para conseguir, además del divorcio, resarcimiento por daños materiales y morales.
Práctico
"Ha transformado un sentimiento de amor en odio", afirmó Andrea, y añadió muy práctico: "Se lo podía haber pensado antes, al menos no habríamos gastado tanto dinero en semejante puesta en escena"