Martes 02 de Junio de 2009
Alejandro Luján Erbayo, el remisero de 24 años buscado durante tres semanas, apareció la
madrugada de ayer sano y salvo, aunque sin su auto, en la zona sur de la ciudad. El chofer aseguró
haber sido secuestrado por dos parejas y forzado a pagar un rescate. Adujo que su padre entregó a
sus captores la indemnización cobrada en un juicio laboral y que con eso obtuvo su libertad.
Su relato fue tomado con reservas en Tribunales. Desde la delegación
local de Drogas Peligrosas de la Policía Federal dicen que la versión es directamente
insustentable. Ocurre que el auto fue encontrado por agentes federales de Rosario hace ocho días en
la ciudad de Corrientes. Tenía un cargamento de 20 kilos de marihuana bajo los asientos traseros.
El 24 de mayo se detectó el vehículo en plena reparación en una gomería.
Al requisarlo advirtieron 21 panes de marihuana acondicionados y atados con una soga. Voceros del
juzgado federal de Corrientes, a cargo de Carlos Soto Dávila, confirmaron ayer a La Capital
que el tribunal interviene en el hecho.
El auto en cuestión, un Peugeot 505 dominio SG0-198, era seguido por la
Policía Federal desde el 13 de mayo, a raíz de un tiroteo que sus ocupantes mantuvieron ese día en
una localidad chaqueña con uniformados rosarinos.
Erbayo ofreció su versión a cara descubierta. Su padre aseguró haber
pagado rescate por él. El auto del remisero está implicado en un delito. Lo que hasta anoche no se
sabía es si el joven tiene conexión con el hecho o terceros utilizaron su vehículo contra su
voluntad.
En Rosario. Erbayo se presentó ayer a la mañana en el juzgado de Instrucción
Nº 11, a cargo de Hernán Postma, acompañado por la abogada Ana María Ferullo. El magistrado
no le tomó declaración y derivó el caso a la fiscal Nº 3, que dispuso que el chofer fuera
examinado por el médico forense. En el hall de los Tribunales, el muchacho brindó a
La Capital su relato de lo que le ocurrió en sus días de ausencia.
Contó que todo se inició cerca de las 21.30 del sábado 9 de mayo cuando
recibió un llamado en su celular. “Era un cliente que hasta el día de hoy no recuerdo quién
era”, comentó. Refirió que fue con su Peugeot 505 de color gris al destino indicado: una casa
en Deán Funes al 3200. “Toqué dos o tres bocinazos pero no salió nadie”, comentó.
Entonces, según dijo, decidió marcharse. Mientras hablaba su madre —Blanca Acosta— lo
abrazaba sollozando.
Un café. El chofer dijo que al irse unas personas le hicieron seña. Eran dos
parejas que, según asegura, solicitaron un viaje. Los pasajeros cargaron dos bolsos en el baúl y a
las 23.30 partieron hacia la ciudad bonaerense de Pergamino. Según el chofer, debían retirar
documentación allí y regresar a Rosario. Erbayo contó que tomó por Ovidio Lagos y se detuvo en la
estación de servicios en Circunvalación para cargar gas.
Cuando atravesaban el puente Gallego, prosiguió, los pasajeros le
ofrecieron café. Aceptó el convite porque hacía frío y contó que instantes después sintió una
repentina somnolencia. Obnubilado, según dijo, manejó hasta el paraje conocido como La Carolina, en
la ruta 18. Allí uno de los pasajeros le pidió que se detuviera porque necesitaba orinar.
A partir de ese momento, dijo, entró en una nebulosa. “Una de las
mujeres quedó al mando del auto y me pasaron atrás. Allí iban los dos hombres”, contó.
“Al auto no lo vi más”. El trayecto emprendido no puede precisarlo.
Poco después, dijo, terminó en una casa con manos atadas y ojos vendados. “Al auto no lo vi
más. Ellos no me hablaban. Después comenzaron a pedirme una plata que había cobrado mi papá”,
explicó.
Según dijo, el padre había recibido 27 mil pesos por un juicio laboral a
sus empleadores en el puerto de Rosario. “Me drogaban todo el tiempo. Cuando el caso empezó a
salir en la prensa me golpearon dos o tres veces para que hablara con mi mamá y la
tranquilizara”, recordó. Para mostrar las huellas del castigo, exhibió marcas en sus manos y
en las piernas.
Tras 22 días de cautiverio fue liberado porque, según narró, el padre,
Ernesto Erbayo, entregó los 20 mil pesos que exigían quienes lo retenían. A las 3 de ayer los
captores, dijo, lo subieron a un auto y lo dejaron en Uriburu y Circunvalación.
—¿Quiénes pueden ser tus captores?
—Muchos sabían lo del dinero. Sospecho de muchas personas, pero no
quiero dar nombres para no tener problemas.