Martes 12 de Noviembre de 2013
El domingo a la madrugada fui a buscar a mi hija a la salida del boliche Ipanema, en inmediaciones del Parque Alem. Mientras estaba en mi coche esperándola vi cómo un grupo de "animales" golpeaba a un chico con piedras, patadas y hasta con botellas. Una chica quiso ayudarlo y recibió patadas en la espalda y en la cabeza. Había corridas y botellas de champán y de fernet (¿de dónde salieron a esa hora?) que volaban y caían sobre los chicos y el pavimento. Un desastre. Una locura. Parece que a los bolicheros sólo les interesa la seguridad en la puerta y dentro del boliche. Afuera, es tierra de nadie. Al otro día, mi hija se enteró a través de las redes sociales que el pibe sufrió fracturas de tabique nasal, mandíbula y algunas costillas, y cortes en el cuero cabelludo (será intervenido quirúrgicamente); la chica tuvo conmoción cerebral. Mientras atendían a estos chicos apareció otro golpeado y robado en el mismo lugar. Además, dicen, mientras un padre esperaba a unas chicas en su auto fue robado, aparentemente por el mismo grupo que atacó a los otros chicos. Yo me pregunto, ¿tanto cuesta enviar un móvil policial o agentes de la GUM a la salida e ingreso a los boliches, hacer controles de alcoholemia a los jóvenes y sacarles las botellas de alcohol? Algunos de estos chicos "hacen la previa" en la propia puerta de los boliches o en una zona de la costanera conocida como "el serrucho". ¿Nadie de la Municipalidad o de la policía ve esto? Claro, da más rédito económico hacer controles a los automovilistas que vuelven de cenar los fines de semana que velar por la seguridad e integridad física de nuestros chicos, que todos los fines de semana quedan a merced de estos animales violentos.
Carlos Roberto Almada