Andrés Calamaro: "La Rosada tiene muchas puertas"
"Dale, hagámosla", le dice Andrés Calamaro a La Capital cuando se le propone una nota sobre un tema que sacudió a la sociedad: estrambóticos pagos del gobierno a un conglomerado de artistas para participar de la Expo-Zaragoza, episodio que publicó este diario...

Domingo 02 de Noviembre de 2008

"Dale, hagámosla", le dice Andrés Calamaro a La Capital cuando se le propone una nota sobre un tema que sacudió a la sociedad: estrambóticos pagos del gobierno a un conglomerado de artistas para participar de la Expo-Zaragoza, episodio que publicó este diario y que por estas horas vuelve a cobrar dimensión por nuevos datos y nombres que se asociaron al escándalo con clave musical.

  No es casual buscar a Calamaro: es uno de los pocos artistas que jamás aceptó cantar para los gobiernos de turno pese a que la presidenta Cristina Fernández lo tiene entre sus preferidos. "Desde que volvió a arrancar el ejercicio democrático, vemos, pertinaz, a un núcleo de representantes de la cultura que quieren, por las buenas, apoderarse de la credibilidad bienpensante y, quién sabe, llevarse algún subsidio y algún contrato", dice el prolífico songwriter desde algún país latinoamericano en el marco de una gira por México, Perú, Colombia, Ecuador y Paraguay. Siempre con estadios .repletos.

  A diferencia de muchos de sus colegas, Calamaro siente placer por leer los diarios temprano por la mañana y se mantiene estrictamente informado de la realidad política. En medio del conflicto con el agro, recibió su Gardel de Oro y habló de "piquete paquete", en una de sus salidas chispeantes.

 

Moneda corriente. "Desde Malvinas que vemos llegar a ilustres de la cultura con chapa de exilio. Por aquel entonces, los músicos eramos fácilmente tachados de frívolos, aunque el tiempo nos puso en su lugar. El tiempo siempre pone en su lugar a quien corresponde, aunque cueste creerlo en Argentina", comenta el Salmón, para quien "otros, inocentemente, y por monedas, participaron en campañas políticas: no consideraron ni el costo político ni el precio histórico de eso".

  La Capital publicó que hasta el habitualmente vocero de lo nocivo que resultan las relaciones entre poder y arte (por algo escribió "El hombre dirigente"), Luis Alberto Spinetta, no pudo ceder a la tentación de cantar en el Salón Blanco y agradecerle a Alberto Fernández. "Tampoco quisiera ser sarcástico con aquellos que cantaron en el Salón Blanco: Spinetta, Juanjo Domínguez, Litto Nebbia, por citar a algunos. Son artistas, y personas, de entera integridad. Creo que se abrieron las puertas de Casa de Gobierno y ellos, sencillamente eligieron ese escenario sin saber muy bien por qué", suaviza el músico que en pocos meses más editará una antología de su carrera que, entre muchas perlas, contendrá el tema más directo que se haya escrito contra la dictadura, y que permanece inédito (sin más detalles).

  "Otros personajes de la cultura visitaron la Rosada durante el gobierno de (Roberto Eduardo ) Viola. Qué apellido cargaba el general...", serpentea Calamaro. "Y la historia no se apura en juzgarlos, como yo no quisiera condenar a mis colegas que quisieron cantar para Néstor Kirchner, por quien siento el afecto que corresponde a la investidura", recuerda. Y lanza una chispeante definición: "Hay que tener mucho cuidado por dónde se mete uno; sin embargo las puertas abiertas de la Casa Rosada son una invitación a la historia, aunque tiene tantas puertas que nunca sabemos si entramos o salimos".

 

Primera línea. Ayer, luego de leer la nota de tapa de la revista Noticias, Calamaro volvió a hablar con La Capital: "Yo también fui contratado por la ExpoZaragoza, pero sin intermediación del gobierno argentino. Como es habitual en cada una de mis actuaciones en España o en cualquier otro país soberano (dentro de lo posible soberano), mi aparición (a mi gusto un monumental derroche en sí mismo que jamás me cuestioné) se consideró de primera línea, apenas detrás de la estrella local, Enrique Bunbury, de Bob Dylan. En el mismo plano que Antony & The Jonhsons. Fue una catarata de artistas. ¡Tanto es así que ni me enteré de que los nuestros eran de la partida!".

  Calamaro no pone en duda "la honestidad ética y profesional" de Gieco o Nebbia, y asegura que en la nota de Noticias, "una investigación con más envoltorio que contenido, se recoge la voz de muscos críticos que en anteriores gobiernos ocupaban rango en el poder cultural (hay recuadro con foto). En algo estamos de acuerdo, el presupuesto cultural no es cosa mía".

 

Versos luminosos. También recuerda que "Miguel Abuelo murió con la cuenta de Sadaic embargada, por un pleito que nos inició el no del todo transparente dueño de un popular bailable de Ramos Mejía. Quizás Miguel sonreía conmigo cuando Mercedes Sosa, sin la chamarra del seleccionado nacional de pelota (risas), entonaba los versos luminosos de Miguel: «Himno de mi Corazón»", en el festival que se realizó el día de la asunción de Cristina.

  Lúcido, y en el pico más alto de su carrera, Calamaro le pregunta al periodista: "¿Tenés el celular de Lole? Quiero verlo y comernos un asado". Ambos compartieron durante años el mismo hotel en Buenos Aires (el tercero era Cacho Fontana) y desde ese momento el autor de algunas de las mejores canciones que se hayan escrito en América latina siente "respeto y admiración" por Carlos Reutemann: "Qué bueno sería que esta vez diga que sí, y sea presidente. Le mando un abrazo".

  Y cierra la puerta como lo que es: un poeta fértil.