Martes 31 de Marzo de 2009
En la Oficina Municipal del Consumidor nos hacemos eco de reclamos de lectores damnificados en sus relaciones de consumo, y confieso que a veces nos sorprende la descripción de novedosas modalidades y en otras nos duele reconocer difìcultades a la hora de erradicar anacrónicas prácticas abusivas y tratos muy poco dignos hacia el más débil. Escribo estas líneas con algún grado de asombro luego de releer una y otra vez un alegato a favor del plus médico que se atribuye el Movimiento Dignidad Médica a través de José Alberto Trop, con una defensa cargada de imputaciones al reclamo de pacientes ante su obra social por el incumplimiento de algunos médicos. En su carta del pasado domingo, con equivocado criterio pone al consumidor (paciente) como parte del conflicto y lo agravia. Sin embargo, es un falso supuesto ya que se trata de una cuestión puramente contractual y económica entre una obra social (Iapos) y sus profesionales. La Justicia en fallos recientes ha resaltado la responsabilidad social que cabe a la medicina ante al riesgo de vida por sobre toda cuestión lucrativa, sentencias claramente contradictorias con cantar loas al plus que nos ocupa, del que todos sabemos que se trata de un cobro indebido, sin consenso ni negociación alguna entre médico y paciente, donde se violan normas fiscales y de facturación y que quien lo paga no lo hace complacido sino obligado, porque con el último con el que quiere confrontar es con el profesional de cuyo diagnóstico depende la cura del mal que en ese momento le aqueja a él o a sus seres queridos. Sin ningún esfuerzo intelectual podemos inferir entonces que a diferencia de lo que supone el señor Trop, la libertad de elección no es la misma al comprar verduras que al pedir un turno al especialista de nuestra obra social. Por último, sin desconocer el beneficio de la duda y el derecho a la defensa que les asiste y dicen no haber tenido, en honor a la brevedad y a un tema debatido en el siglo pasado, digo que los pacientes son la parte frágil, los rehenes en tantas otras historias parecidas, por lo que rechazo que el señor Trop ponga en tela de juicio el comportamiento de quienes denuncian, y desde ya las calificaciones injuriosas (tales como cómplices, encubridores y cobardes) que en su carta dispara como justificación argumental contra aquellos que como consumidores ejercieron nada más ni nada menos que un derecho constitucional y a los que como jefe de la Oficina que los defiende me permito felicitar especialmente.
Néstor Trigueros (Oficina de Defensa del Consumidor)