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Ancho Estol: "No me gustan los saqueadores del tango"

La Chicana son un grupo de músicos porteños pero básicamente son Acho Estol en composición, guitarra y arreglos, y Dolores Solá en voz, compañeros además bajo un mismo techo.

Sábado 29 de Marzo de 2014

La Chicana nació en los 90 impulsada por el deseo de poder recuperar los ritmos y letras de los años iniciales del tango para traerlos a este presente post-piazzollano bajo una mirada diferente, y es también la agrupación que maduró luego de cinco álbumes, el último de ellos doble, “Picnic o revolucionario”. La Chicana son un grupo de músicos porteños pero básicamente son Acho Estol en composición, guitarra y arreglos, y Dolores Solá en voz, compañeros además en la vida cotidiana bajo un mismo techo. Y es también el único grupo de tango argentino que tiene en su repertorio y en su discografía un tema de Tom Waits (“Lullaby”).

   Acho Estol, cerebro de La Chicana y “el tanguero preferido del Indio Solari”, dijo a Escenario que “el tango tiene reglas y tradición que respetar, pero cuáles son lo decide cada artista”, al tiempo que resaltó que no le gustan los saqueadores del género: “Los que sólo hacen danger four del pasado” ni aquellos “que usurpan la marca tango sin conocerlo y hacen cachivaches electrónicos”.

   —¿Cómo le explicarías de qué se trata La Chicana a alguien que no escuchó sus discos ni fue a un recital?

   —Diría música popular argentina, para empezar. Fuertes dosis de tango, de folclore, de rock nacional y de bailanta popular. Por el lado del folclore nos extendemos hacia Latinoamérica y España, y mas allá, hacia las músicas del mundo, sobre todo en su relación con la nuestra, así llegamos a las milongas africanas y los tangos chinos: relecturas de la influencia y origen que tuvo la música argentina y rioplatense en todo el mundo. Hacemos bastante cumbia, que nos resulta riquísima, con elementos que van del folclore colombiano a la expresión social “villera”.

   —¿Qué tipo de público los sigue?

   —Muy variado, como la música que hacemos. Desde maduros consumidores de “músicas cultas”, para quienes somos un extremo de desparpajo roquero, hasta jóvenes consumidores de rock pop, para quienes somos un extremo étnico por su visión mas distante del tango y los folclores.

   —¿Quiénes se resisten a escuchar al “nuevo tango”? ¿Son especie de trogloditas o gente que se basa en que el tango tiene reglas y tradición que respetar?

   —Yo creo que el tango tiene reglas y tradición que respetar, pero cuáles son lo decide cada artista. Hay una variedad enorme de interpretación de cuál es esa esencia en el “tango nuevo”, refiriéndome siempre a artistas honestos, que estudiaron el género. Hay muestras para todos los gustos. El que no escucha ninguna es un necio o se ata a una melancolía personal y no le interesa realmente nada nuevo por bueno que sea.

   —En los últimos años se multiplican las propuestas emergentes de tango, ¿qué te gusta o qué no te gusta?

   —Me gusta lo distinto, los que tienen su propia voz, como la increíble personalidad poética del gordo Alorsa o el sonido expresionista de Astillero. No me gustan los saqueadores del género: los que sólo hacen danger four del pasado, imitando interpretaciones antiguas de tangos antiguos; tampoco los que en nombre de la vanguardia, usurpan la marca tango sin conocerlo y hacen cachivaches electrónicos o usan frívolamente un bandoneón para dar aire de tango a otra música.

   —En la época que surgió Piazzolla se dio la discusión entre la tradición versus lo moderno, ¿cuál es hoy la discusión en el tango?

   —La misma. Es la discusión de la humanidad: conservadores versus revolucionarios. Aunque en el tiempo los roles se pueden invertir. Cuando empezamos hubo gente muy grande de la academia del tango que me decía: “¡tienen que tocar Piazzolla que es moderno! ¡Ustedes tocan ese tango viejo! sos un antiguo, pibe” Y para mí era antiguo Piazzolla, un vanguardista en su momento pero que en los 90 no nos decía nada, ya estaba digerido. En cambio el tango viejo, abandonado, tenía una dosis de insolencia casi punk que podía ser resignificada en tiempos de decadencia del rock como vehículo de historias realmente marginales y contraculturales, y eso nos parecía vanguardista.

   —¿Bajás música de internet?, ¿Compartís con Dolores lo que escuchás?

   —No bajo música de internet, lo que me interesa nuevo lo compro, y escucho lo que ya tengo: sobre todo música clásica, folclores del mundo y rock viejo, o actual, cada tanto... Con Lola compartimos mucho en cuanto a folclore y tango y también la música “epocal” de nuestra juventud: Bowie, Costello, The Cure, los Redondos, el rock español, el nuevo flamenco...

   —¿Que los une a cada uno de La Chicana? Y ¿qué es hoy la Chicana, un grupo o un dúo?

   —Es una banda con un dúo como líder. Lola y yo lo inventamos y lo llevamos adelante, pero no tocamos con sesionistas. Además de la “sintonía emocional” indispensable y en muchos casos amistad, casi todos los músicos que forman y formaron La Chicana se comprometieron artísticamente con el proyecto e hicieron aportes en lo musical y lo ideológico que fueron fundamentales: Juan Valverde, Tripa Bonfiglio, Rodrigo de Mahieu, Pato Cotella, Cacho Vidal, Nicolas Capsitski, Osiris Rodríguez, Pol Neiman, Fede Tellechea... Y la formación actual: Agustín Barbieri, Sebastián Zasali, Cristian Basto y Pablo Borghi.

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