Anaximandro y el cosmo
La palabra cosmo fue utilizada por los científicos por primera vez en 1730. Fue el fisicomatemático Juan Cristian Wolf, pero como ciencia se comenzó a desarrollar a principios del siglo XX a consecuencia de los siguientes acontecimientos: entre 1915/16, Albert Einstein formula la teoría general de la relatividad.

Miércoles 08 de Julio de 2009

La palabra cosmo fue utilizada por los científicos por primera vez en 1730. Fue el fisicomatemático Juan Cristian Wolf, pero como ciencia se comenzó a desarrollar a principios del siglo XX a consecuencia de los siguientes acontecimientos: entre 1915/16, Albert Einstein formula la teoría general de la relatividad. En 1917, Willem de Siher enuncia el modelo estático del universo vacío y en 1924 el físico ruso Alexander Friedman publica la primera solución matemática de un universo infinito. La lista sigue por Edwin Hubble, Lemaître, Zwick, etcétera, hasta llegar a Penzias y Wilson, descubridores de la radiación de fondo de microondas, efecto cósmico que se convertiría en el modelo del Big-Bang o de la Gran Explosión, prototipo físico estándar para describir el universo. Sin embargo, nadie recordó a Anaximandro de Mileto, sabio griego que nació en el 610 a.C. y murió en el 545 a.C. Hay seguridad de que este investigador fue el primero en usar la palabra cosmo, a pesar de que él nunca la mencionó, pero su discípulo y sucesor Anaxímenes lo cita así en sus escritos, no en el sentido riguroso que el vocablo cosmo tuvo a partir desde 1730. Los eruditos en la materia sostienen que el descubrimiento del cosmo no podría haberse hecho en otra parte que no fuese en lo profundo del espíritu humano. Nada hubiera sido posible con un telescopio de aquella época, observatorios o cualquier otro género de investigación empírica. Lo que sí se asegura es que la facultad intuitiva surgió de la idea de la infinidad de los mundos, atribuida por la tradición a Anaximandro de Mileto. Veracidad confirmada por Rodolfo Mondolfo en su libro "L’infinito nel pensiero dei Greci". De lo que no hay dudas es que la idea filosófica del cosmo representó un rompimiento con las representaciones religiosas habituales, en especial con la Iglesia Católica. Tema recién aceptado a regañadientes por el papa Benedicto XVI, ante los argumentos del físico nuclear Stephen Hawking, después de haber fracasado con sus argumentos y sentado en silla de ruedas ante Juan Pablo II.

Roberto Linares,

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