Viernes 30 de Diciembre de 2011
Llegan estas fiestas y lamentablemente las aprovechamos para comer además de lo acostumbrado, conejos, corderos, lechones, pollos en mayor cantidad cimentando nuestra felicidad en el dolor de indefensas criaturas. Todos los animales, inclusive las aves parecen estar dotados de un instinto o elemental "inteligencia" a la cual vemos manifestarse en las migraciones de las golondrinas, las construcciones de las casitas de los horneros, los "cálculos" que efectúan los equinos en los circos. Pero por mi parte también lo he comprobado con un ave, una simple gansa. Mi madre tiene una a la cual bautizó como Lola y diariamente por ese nombre la llama para que venga a comer. Si esto no se realiza Lola le emite graznidos denotando así su necesidad. Diariamente a la hora de la siesta, mi madre llena un fuentón con agua, por medio de una manguera para que el ave se bañe. Un día pasado, de mucho calor, había olvidado cumplir con esa tarea pero Lola se acercó a la ventana de la cocina y con graznidos se hizo presente para que subsanara la omisión. Una vez solucionada la falta, Lola pudo bañarse. Pasada una hora o más ésta volvió a la ventana con graznidos reclamatorios. Con sorpresa mi madre constató que se había olvidado de cerrar la canilla y el agua se estaba derramando en todo el patio. Simplemente Lola quiso hacer notar a su dueña ese inconveniente. Generalizando, podemos decir que los animales también presienten el fin que les espera cuando son llevados al matadero. Puede ser que progresivamente aprendamos a consumir más vegetales para evitar el daño que estamos produciendo a otros seres vivientes y será mucho mejor que celebremos las tradicionales fiestas en compañía de nuestras mascotas y en paz con el que suele llamarse "reino animal".
Claudia Carolina Farías