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Alma cumple 9 meses, necesita un milagro y la solidaridad rosarina

Los tiempos de la intervención se acortaron porque está muy delicada y ya no pueden seguir esperando por un donante en la lista del Incucai.

Domingo 17 de Agosto de 2014

En la sala de terapia intensiva del Sanatorio de Niños, Alma Milena Quiroga, una beba mendocina, hoy cumple nueve meses mientras entre aparatos y pocos momentos de sonrisas, aguarda el trasplante que le realizarán mañana, cuando su papá le done parte de su hígado. Los tiempos de la intervención se acortaron porque está muy delicada y ya no pueden seguir esperando por un donante en la lista del Incucai.

   Es la primera hija de Ailin y Fernando, de 21 años, quienes hace un mes llegaron a Rosario en un avión sanitario, derivados desde la provincia cuyana. Llegaron como opción al Garrahan, porque acá “había un equipo para poder hacer la operación que necesita nuestra hija”, explicaron.

   Pero si bien la respuesta médica está asegurada, hacer frente a una enfermedad tan brava, y lejos de su casa, resulta complicada para los hechos cotidianos.

Hasta el viernes se alojaron en un hostel que debieron desocupar porque el fin de semana largo ya estaba reservado. En los pasillos del sanatorio y a instancias del doctor Alejandro Costagutta, la familia de Samuel (ver página 10) se acercó a los Quiroga.

   Compartieron mates, la fuerte experiencia de la enfermedad de sus pequeños hijos y hablaron de Dios. Fue desde la iglesia a la que concurre la familia de Samuel que llegó un alivio y les consiguieron alojamiento para los jóvenes mendocinos y para sus padres, que viajaron para acompañarlos.

   “Todo está muy caro y no estamos en condiciones de pagar tanto”, explicaron las abuelas de Alma, Mirian y Carina, que llegaron desde Mendoza y pasaron varios días durmiendo en la sala de espera del sanatorio.

En familia. Ailin y Fernando viven en General Alvear, cerca de San Rafael y a unas cinco horas de Mendoza capital. El joven es albañil y ambos pertenecen a una iglesia cristiana. “El nombre de Alma lo elegí yo”, dice Ailin. Y Fernando agrega que aportó Milena. Hasta las primeras semanas de vida, Alma no había manifestado la gravedad de la enfermedad que se avecinaba. Desde entonces, sólo fueron viajes, médicos y sorpresas hasta llegar a Mendoza y desde allí a Rosario.

Cuando puede, Alma está despierta y sonríe. Pero si el dolor es grande, se abraza a una muñeca que recita una dulce canción en la que los ángeles le aseguran que la protegen y se va quedando dormida.

   “Me cansé de verla sufrir tanto, ya tengo los estudios hechos”, relató Fernando. Y dijo que “a cualquiera le cuesta entrar en un quirófano, pero cuando es por un hijo, camina a ciegas y no importa otra cosa”.
“Somos cristianos, eso nos da paz y tranquilidad que se necesita mucho”, subrayó Fernando.

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