Sábado 19 de Junio de 2010
Seguramente alguien hizo su negocio vendiendo esas cornetas (vuvuzelas), pero a veces en los efectos pueden adivinarse las intenciones. Este es un mundial sin público. Veo los partidos pero no escucho a la gente. Las cornetas tapan todas las voces, las de los jugadores, las de los técnicos y lo más triste es que no se oyen los cantos de las hinchadas, las exclamaciones de la gente cuando se yerra un gol y ni siquiera se escucha la descarga de la gente en el grito de un gol. No sé si hay que prohibirlas. Cualquier prohibición suena a represión. Pero me pregunto: ¿cuándo una expresión es monótona y lo único que produce es un ruido ensordecedor que impide escuchar otras voces, debe tolerarse? ¿O será que en Africa tienen miedo de que el pueblo marginado grite cosas que incomoden a los blancos?
César Ramírez
cramirez@arnet.com.ar