Martes 24 de Junio de 2014
Los mal llamados fondos buitre son acreedores tan reales y legítimos como los otros que aceptaron el canje. Ejercitaron el derecho elemental de validez universal de todo acreedor de negarse a aceptar las condiciones de pago parcial que propuso el acreedor moroso (Argentina) y conforme la ley aplicable ejercitan su derecho de reclamar judicialmente su cobro. No importa que la mayoría de los acreedores hayan aceptado el canje porque al revés que en el derecho interno, de que en materia de concursos y quiebras una mayoría puede obligar a todos los acreedores a aceptar un avenimiento, no ocurre así en el ámbito internacional. Por eso es absurdo que la presidenta califique de extorsiva su actitud. Es verdad que son especuladores que compraron a bajo precio títulos que procuran cobrar a su valor nominal que es superior. Pero también especulan los particulares que concurren a remates judiciales en procura de adquirir barato o compran lógicamente a menor precio activos de titulares apurados por sus dificultades económicas u otras circunstancias y también especulan miles de argentinos que se juegan su tal vez escasos ahorros en las múltiples timbas que han proliferado y parece que nadie los censura ni menos los califican de usureros, buitres, etc. Pero el gobierno en vez de reconocer estas realidades y obrar en consecuencia sigue chicaneando incrementando así los costos y las consecuencias negativas. Y ahora acorralado por los decisorios judiciales en vez de procurar apaciguar a sus acreedores y al juez Griesa, a quienes reiteradamente agravió, en procura de mejores condiciones, insiste en sus provocaciones e insultos en una actitud digna de un kamikaze o de un niño inconsciente. A su vez, los opositores por temor a perder votos no se animan a ponerse los pantalones y se dejan arrastrar por el oficialismo en vez de exigirles una hoja de ruta racional. Estas actitudes irracionales me recuerda cuando ejercía la abogacía y me topaba con deudores tercos que en vez de avergonzarse por su actitud y procurar soluciones se encerraban en su ego y despotricaban contra sus acreedores. Cuidado, no sea que la terquedad y el falso nacionalismo del gobierno nos resulte más caro que la intransigencia de Galtieri cuando Malvinas. Este gobierno que se caracteriza por el menosprecio de las instituciones en todo este proceso relativo a la deuda ninguneó al Congreso pese a que el art. 75 inciso 7 de la Constitución establece que corresponde al Congreso arreglar la deuda interior y exterior de la Nación. Ahora que las papas queman tardíamente da una simbólica participación al Poder Legislativo. La deuda pública que ahora nos agobia es consecuencia no de malvados conspiradores foráneos sino de los gobernantes que supimos conseguir, que para conquistar o conservar el poder con la complicidad o pasividad de la sociedad mantuvieron déficits crónicos en las cuentas públicas para mantener un nivel artificialmente alto de consumo.Y ese déficit lo financiaron ya sea endeudándose y malvendiendo activos estatales ( Menen) o bien actualmente con una presión impositiva descomunal que agobia a todo el mundo, emisión monetaria excesiva que provoca inflación y ahora nuevamente endeudándose con el agravante de haber aumentado excesivamente el gasto público. La única verdadera salida es apretarse el cinturón y fomentar la producción como lo logró la generación del ochenta. No queda otra. Pero dudo que nuestra clase política acepte aplicar esta medicina antes que sea demasiado tarde para evitar una hecatombe social.
Raúl Miguel Ghione