Martes 23 de Marzo de 2010
Inapropiada comparación efectúa Gabriela Pittón en su carta del pasado 14 de marzo, al calificar de "muerte civil" el escarnio de la sociedad a Matías Capozucca debido al penoso accidente que protagonizara y costara la vida a un joven, lesiones irrecuperables a otra y gravísimas a una tercera. Es cierto que el caso fue mediatizado, como lo son otros de hechos trascendentes en nuestra ciudad. Pero fue por esa mediatización que nos informamos del abandono del lugar del hecho por parte de Capozucca, de su interés en involucrar a un tercer conductor quizás para eludir su propia responsabilidad, su pedido por someterse a una probation que le fue negada y más recientemente un fiscal de Cámara que interpreta debe serle reducida la pena de prisión efectiva que tiene dictada, lo cual beneficiaría su estado de libertad. Coincido que la familia de Capozucca debe estar padeciendo quizás el peor de los infiernos, mas no supe que ellos hicieran público su aflicción respecto de los padres cuyas vidas de sus hijos deshiciera Capozucca. ¿Sabía usted que el papá del menor instantáneamente muerto en el accidente falleció hace corto tiempo? Podría ser que la tristeza por la pérdida de ese hijo acelerara su deceso. Pues señora Pitton, el estigma que Capozucca llevará por el hecho protagonizado lo acompañará durante toda su existencia, pero con una diferencia respecto de las víctimas, una de ellas ya murió y otra está muerta en vida; él será como usted dice, un muerto civil, pero en tanto seguirá gozando de la vida, algo que los otros ya no pueden. Siempre habrá alguien que "al muerto civil" se lo hará recordar.
Carlos Alberto Carranza, LE 6.056.297