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Alfredo Casero presenta "Todo en Etereo", en el teatro Broadway

Estará acompañado por los actores Diego Rivas, Humberto Spallina, Javier Bacheta y Flavio González y un grupo de músicos invitados. El show con libro y dirección de Casero, será producido por Damián Sequeira.

Sábado 11 de Agosto de 2012

Alfredo Casero presentará "Todo en Etéreo", esta noche, a las 22, en el Teatro Broadway, San Lorenzo 1223, acompañado por los actores Diego Rivas, Humberto Spallina, Javier Bacheta y Flavio González y un grupo de músicos invitados. El show con libro y dirección de Casero, será producido por Damián Sequeira.

Desde su aparición en la televisión de los años 90, Alfredo Casero deslumbró por su inagotable capacidad para bucear en el humor dislocado. Primero fue "De la cabeza" y luego "Cha, cha, chá". Sus programas proponían el absurdo como regla irrompible y en torno a ella se estructuraron ciclos inolvidables.

En un momento de la realidad Argentina en el que muy poco es lo que queda fuera de la órbita de los medios de comunicación, donde todo se muestra sin tapujos, el actor accedió a dialogar telefónicamente con Escenario para ofrecer su visión de la realidad y reflexionar sobre su propuesta artística.

—¿En un país en el que el programa más exitoso de la televisión muestra a Hernán Piquín concursando junto a Noelia Pompa, qué puede hacer quien se dedica al humor absurdo?

—(Risa). Lo absurdo es lo que no es común. Al convertirse en común, automáticamente deja de ser absurdo. Antes de que los norteamericanos metieran la obra dadá en el (Museo) Guggenheim, el dadaísmo era dadaísmo. Cuando sacás algo que es nuevo y lo mostrás de esa manera, en cuanto pierde la libertad de no estar en un lugar como sería el establishment, pierde esencia, pierde interés y pasa a ser el espectáculo. La gente va al Gugenheim a ver obras, entre ellas las del dadaísmo, que para muchos será un inodoro pegado en una pared ¿entendés? Para otros ya es común. Por otro lado lo de Tinelli: que una enana baile con un primer bailarín, si lo hace bien, habla del esfuerzo. Ni en pedo veo mal que la gente baile bien o cante bien y se haga todo ese esfuerzo por estar. Realmente lo veo muy bien, porque son humanos los que están haciéndolo. Hay un esfuerzo físico, una energía que está fuera de lo que pueda ser bello. Porque, por ahí, a lo mejor, en el inconsciente de la gente está recontrareco... a esta enana Noelia, ¿entendés? Y eso, en realidad, a mucha gente la tranquiliza que tengamos un pensamiento más liberal. Mirtha Legrand le encanta a la gente porque mucha gente —incluso mucho más joven que Mirtha Legrand—, la ve y dice: "¡Puta, ¿no?, todavía puede ser...!". Lo absurdo para mí es lo no común. Yo creo que el nuevo "Cha-cha-chá" en la vida, es el show de (Ricardo) Fort, porque no hay nada que pueda superar eso. ¿Me entendés lo que te digo?

—Hay programas que muestran casos y cosas increíbles.

—De lo que hicimos, algunas cosas pasaron en la realidad. "Juzguemos a los otros" era un programa que mostraba a un tipo que había muerto porque la mujer le había roto los huevos. Le rompía las pelotas, le rompía las pelotas y el tipo se murió, y entonces había un debate y todo lo demás. ¡Y después hicieron los programas iguales!

—¿Qué diferencia existe entre hacer humor sobre un escenario y hacerlo en la televisión?

—El humor que yo laburo en el teatro lo hago con todo el amor del alma porque los tengo ahí: o los beso o me cachetean, ¿viste? Y una de las cosas que hago es quitarle el "entremedio", todo tipo de parafernalia. Quiero mostrar la forma en la que voy armando el espectáculo: voy diciendo las cosas a medida de que voy sintiendo la energía del público. La televisión me aleja ¡taaaanto! de la gente; me aleja tanto también de mí mismo, que hacer humor es una cuestión barrial, una cuestión cabeza por cabeza. En un viaje a Londres una mujer me dice: "Yo tengo una amiga mía, en Inglaterra, que te conoce". "Ah, ¡Qué bien! ¿Es argentina?", le pregunto. "No, no, no, es inglesa" (risas)... A ella le llegó algo que hice en "De la Cabeza" y a raíz de eso se hizo una movida y me encontré con un argentino que se llama Mauro Pompilio, que empezó a hacer la "Vaporeso" en Londres. Tiene como 400 personas: Rattaghan..., algunos son irlandeses, son de ahí (risas) y me dicen: "Venite por acá". Y ahora me voy para allá a hacer el mismo show que estoy haciendo acá, que me da tanta satisfacción de poder hacerlo mierda como yo quiero; cambiarlo, sacar y poner cosas. Si vos me decís ¿está superado por la realidad? ¡Si! Está superado por la realidad y la gente sola acciona a favor de seguir viéndolo.

—¿De qué se ríen hoy los argentinos?

—Yo sé de lo que se ríe mi público y creo que estamos medio al costado de todo eso. Como que los que se vienen a reír conmigo se vienen a relajar, porque saben que les voy a dar algo específico. Mirá, Rosario es una plaza muy especial, conozco a cada uno que viene, conozco a los nuevos y conozco a los que les dicen que vayan. A la tía que le dicen: "Vení, vení a verlo que es como Hugo Varela..." Y la cagan a la tía porque paga las entradas (risas). Veo una señora con una cara de ojete infernal y ¡claro!, yo no toco ni el timbre arriba del escenario. Ve que salto, me tiro pedos y a la quinta vez que digo el vocablo "poronga" la señora empieza a ponerse loca (carcajadas). Si vos me preguntás por mi público: tengo una lectura tan amorosa de mi público, tengo una relación de amor tan rara.

—Quizá lo que su público busque es un poco de locura.

—Claro, lo que van a buscar es un poco de locura. Vos vení a verme que te voy a llevar a los oscuros abismos del carajo.... (carcajadas).

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