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Alfredo Casero: "Nunca me sentí un consagrado"

Alfredo Casero habla sin parar, y a veces hay que hacer malabarismos para meter una pregunta. Sin embargo, detrás de su discurso que se va por las ramas y también por las nubes, siempre...

Viernes 10 de Mayo de 2013

Alfredo Casero habla sin parar, y a veces hay que hacer malabarismos para meter una pregunta. Sin embargo, detrás de su discurso que se va por las ramas y también por las nubes, siempre asoma una fuerte dosis de realismo y de verdad. "El humor tiene que ser complaciente con alguien que pone la plata. De otra manera la televisión no funciona", asegura. El cómico que cambió los códigos del humor en la Argentina a través de programas como "De la cabeza" y Cha cha cha" hoy mantiene una conflictiva relación con la pantalla chica. Casero prefiere priorizar sus espectáculos en vivo, y mañana estará en el teatro Broadway, a las 21, presentado "Estese confuso", un show marcado por su histrionismo y el absurdo.

En una relajada charla con Escenario, el actor cuestionó a Diego Capusotto y dijo que jamás trabajaría en un canal estatal. También aseguró que nunca se sintió "un consagrado" y que entra "a las trompadas en el corazón de la gente".

—¿Qué diferencias hay entre "Estese confuso" y "Todo en etéreo", el espectáculo que presentaste el año pasado?

—Mi show no es diferente al anterior, yo soy el diferente. No tengo un solo show, tengo como seis u ocho shows dando vueltas, porque no me gustan las cosas cuadradas. Básicamente estoy yo, un piano de cola y dos músicos más. De todas maneras, nunca te diría lo que voy a hacer en un show, porque no lo sé. Tengo la libertad de hacer lo que se me antoja. Para mí cada vez que salgo al escenario es una hoja en blanco. El teatro es el único lugar donde puede pasar algo que no pasa en ningún lado. Cuando vos tenés claro lo que va a pasar, cuando decís "vamos a ver a fulano que muestra la garcha", ya sabés qué va a producir, y entonces no tiene gracia. Yo nunca sé lo que va a pasar en mi show. Antes eso me daba una sensación de pánico.

—¿Y ahora es distinto?

—Sí, ahora es mucho más divertido, es mejor. A veces canto a Schubert o cosas clásicas y también canto tango. Yo tengo que ir mutando porque hay gente que no me conoce. Hay gente que nunca vio "Cha cha cha", entonces no puedo dejarlos afuera de esa locura. Lo mismo pasa con la vieja que me va a ver porque trabajé en "Vulnerables". Lo mejor que puedo hacer es que la cosa vaya mutando hacia donde yo quiero en el aquí y el ahora. Si no es como un stand up, que sube uno y dice: "Uy, soy pelado, mi mujer no me quiere". A mí eso me rompe las bolas. Hay lugares en donde me he puesto en culo de cara al público, burlándome, como pasó en Uruguay. Me odiaron al principio, pero después se recagaron de la risa. Yo nunca me sentí un consagrado, entro a las trompadas en el corazón de la gente. Consagrados son Polino y la enana Noelia (risas). Yo soy un cómico, un artista de varieté. Ya más abajo no me puedo poner. No tengo ningún tipo de ínfula.

—¿Qué papel juega el humor en un país como este, que oscila entre las denuncias de corrupción y los escandaletes mediáticos?

—No es un espacio propicio para el humor. El humor no se lleva mal con la política. Recuerdo que el "Gran cuñado" terminó con el gobierno de De La Rúa. Pero en un clima en donde vos podés llegar a decir algo que si no le gusta a alguien se arma un quilombo, lo único que yo puedo hacer como artista es respetar lo que la gente piensa, dejando bien marcado con mi actitud qué es lo que yo pienso. En el humor que ahora se hace en televisión a mí me hace cagar de la risa Yayo. Y me hace reír porque no está marcado por una bajada de línea. Pero en general el humor tiene que ser complaciente con alguien que pone la plata. De otra manera la televisión no funciona. (Diego) Capusotto, por ejemplo, es funcional a Canal 7. Capu se convirtió en un personaje de (Pedro) Saborido. Cuando lo veo, lo veo más a Saborido que a él. Es un amigo, sí, y si querés se lo digo en la cara. Yo jamás trabajaría en el canal estatal.

—¿Por qué?

—Porque este es un momento en el que no podés decir nada si no sos "amigo de". Y yo no soy amigo de nadie. Es como ir a la escuela y hacerse amigo de la maestra o del director, y vayamos todos para adelante porque es una escuela. Yo me sentiría un pelotudo en ese papel, subido al camión de alguien. Yo estoy en todos lados, pero me desdibujé por no estar en la televisión. Para mí la televisión siempre fue un medio, nunca un fin. Y tener que pedir tanto, hacer tanta fuerza para que te escuchen, yo ya hablé con todos los boludos... Mi carrera como humorista la perdí en Canal 13. Ellos me llamaron para hacer un programa para las diez de la noche (se refiere a "A todo culorr", de 2006). Y todo el mundo le pegó al programa, incluso periodistas que ni lo vieron. (Pablo) Codevilla me dijo que yo era un tipo creativo y genial, pero me voltearon igual. Lo hicieron mierda al programa. A mí me chupa un huevo, pero no voy a sacar la cabeza donde no me conviene. Yo no necesito la televisión ni la consumo. Veo algunas cositas que me dan gracia, nada más. No me gusta cuando le enseñan la pija a una modelo. Eso es violencia de género. "Cha cha cha" jamás se rió de una mujer, jamás puso a una mujer como una puta, jamás tuvo risas grabadas.

—¿Cómo va el proyecto de llevar "Cha cha cha" al cine?

—Estamos trabajando un montón en eso. Y también estoy cuidándome, porque sabemos que va a ser un golazo. Me estoy cuidando de todas las cuestiones técnicas y legales. Por otro lado hay que producir: ya me quedé dos veces sin plata. Ahora salgo a trabajar en una tira ("Farsantes") para poder terminar la película. Yo podría pedirle plata al Estado, pero no lo voy a hacer. No es por orgulllo, es porque no lo veo bien. Hay cada película de mierda pagada por el Estado que me da una vergüenza ajena que me quiero matar. Esta película está pagada por la gente. En principio se juntaron 25.000 dólares y fue genial. Pero después tuve que volver a empezar. Además dejamos de vender entradas porque las falsificaban y las vendían en Mercado Libre. La idea es que la peli esté lista para noviembre. Vamos a presentarla en salas que no son de cine, que no entran en el circuito normal.

—Hay humoristas jóvenes, como Malena Pichot, que te citan como influencia. Sin embargo, cuando uno los ve, no siente una conexión directa con lo que vos hacés...

—Lo que pasa es que la influencia va por adentro. Malena Pichot es la única persona que hace stand up que me resulta interesante. Lo único que me hincha un poquito las bolas es su temática feminista. Siempre se lo digo: te podés alinear con Gabriela Acher, con lo que hacía en los 70 y los 80. Es como cantar como Cher, algo que no va más. Los demás que hacen stand up no me gustan. Los que salen y dicen "hola, ayer fui a la casa de mi madre y me dijo estás gordo, jé", a esos los quiero matar de un tiro. Malena Pichot tiene peso propio, pero vuelve a caer en la misma cosa de la mujer maltratada. Yo tengo una hija de 13 y otra de 27, y veo que las minas jóvenes no tienen ese problema.

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