Lunes 06 de Enero de 2014
Estamos a principios de enero, el señor del verano; aunque por las últimas temperaturas habidas creo que ese título esta temporada corresponderá al pasado diciembre. Pero más allá de marcas térmicas, enero tiene una fecha especial, la del día 6, para que esté de fiesta la inocencia; una inocencia que para bien o para mal cada vez termina más temprano. Cuando los chicos conocen la verdad del 6 de enero, se sienten importantes por el conocimiento, y subestiman a los otros niños que esperan ansiosos el maravilloso día; tal vez con esa actitud, quieren disimular la pérdida de la primera ilusión. Quienes todavía creen en la renovada magia de los Reyes Magos viven el glorioso amanecer del 6 de enero, que todos los años pone en escena la tierna preocupación por el agua y el pasto para los camellos. Pueda ser que alguna vez los Reyes nos traigan el mejor regalo; el más lindo de todos los tiempos; el más costoso; el que nadie en el mundo hasta el presente ha podido regalar: el obsequio fastuoso de la paz universal. Por ahora, sólo traen juguetes para algunos niños; porque el 6 de enero cambia por realidades las ilusiones de muchos chicos, pero también empalidece las de otros. Ese regalo que hoy aparece como milagroso; que tiene todas las características de una utopía, posibilitaría quizá, una sociedad más justa, donde reinara una razonable igualdad. En ese marco soñado, Melchor, Gaspar y Baltasar repartirían sólo alegrías, y dejarían las desilusiones a la orilla de su mítico y milenario camino.
Edgardo Urraco