Miércoles 20 de Noviembre de 2013
El 21 de octubre falleció a la avanzada edad de 98 años el profesor Hilario Miguel Navarro. Quizá esta noticia para los que no lo conocieron carezca de significación, pero para los que tuvimos el privilegio de conocerlo, tratarlo y sentirnos honrados de que nos dispensara su amistad representó la perdida de un ser de extraordinaria personalidad, sensibilidad y vasta cultura. Egresado en una de las primeras promociones de la Escuela Normal Nº 3, en esa época de reciente creación, fue docente por antonomasia y verdadera vocación. Lo conocí en un lejano 1940 como alumno suyo de 4º grado en la escuela Nº 55, de Ludueña, humilde instituto que funcionaba en una vieja y casi derruida casa en ese barrio que entonces era oasis de paz y tranquilidad si se lo compara con la violencia que hoy allí impera. Conservo muchas vivencias de ese 4º grado pero dentro de ellas me impresionó profundamente la visita que realizamos a la escuela Gabriel Carrasco, ya entonces modelo por su sistema pedagógico de avanzada, dirigido por su directora y creadora, Olga Cossettini. Espíritu selecto, apasionado del arte en sus polifacéticas manifestaciones, cultivó la música. Docente en el profesorado de música de la Escuela Normal Nº 2, era excelente ejecutante de piano. Con su virtuosismo deleitaba a amigos pero no a otros auditorios ya que por innata timidez rechazaba ofrecer conciertos o recitales. En otro aspecto de su quehacer artístico incursionó, ya maduro, y con singular maestría, en el campo de la plástica, pintando dentro de la tendencia de carácter geométrico, pero con rasgos personales y originales brotados de su propio talento. Testigo de ello fueron muestras que realizó en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia, hoy Fontanarrosa, y hace pocos años en Amigos del Arte. De temperamento inquieto, indagador, curioso, unido a ello de carácter humilde, modesto y no exento como ya expresé de timidez, ello no fue óbice para que con espíritu aventurero de infatigable trotamundos viajara a lo largo de su dilatada existencia nada menos que 49 veces a Europa, hasta casi los 90 años, buscando especialmente en Francia y Alemania abrevar su insaciable sed de cultura. Por todo ello lamentamos profundamente su partida y hoy, a través de estas líneas, quiero expresar mi vivo sentimiento de homenaje y gratitud a su memoria, por haber podido compartir con él, mi querido e inolvidable maestro Hilario Miguel Navarro, una larga, prolongada y entrañable amistad.
Eduardo Enrique Pereyra / DNI 5.983.711