Al arzobispo Mollaghan
Con humildad y respeto me dirijo a usted a fin de hacerle llegar algunas apreciaciones sobre los conceptos vertidos por el presbítero Ignacio Peries sobre “los sentimientos de dos personas (homosexuales) que se aman”.

Martes 28 de Enero de 2014

Estimado pastor: con humildad y respeto me dirijo a usted a fin de hacerle llegar algunas apreciaciones sobre los conceptos vertidos por el presbítero Ignacio Peries sobre “los sentimientos de dos personas (homosexuales) que se aman”. Según el Evangelio de Mateo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, un centurión le rogó diciendo: “Señor, mi pais (amante) está postrado en casa, paralítico, gravemente afligido”. Jesús dijo: ”Yo iré y le curaré”. Pero el centurión respondió: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di una palabra y mi siervo sanará (...)”. Al oírlo, Jesús se maravilló y dijo a los que lo seguían: “En verdad les digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe (...) Vete, y que se haga según tu fe”. Y su pais quedó sano en aquella misma hora (Mt 8, 5-12). Un centurión, dentro del contexto militar de frontera, fue a pedir sanación para su amante. Como era costumbre en los cuarteles, los soldados no podían tener familia y el oficial tenía un criado-amante que le servía de asistente y pareja sexual. Jesús curó al siervo-amigo homosexual y presentó al centurión como signo de fe y de salvación, sin decirle lo que deberían hacer mañana. Jesús no exige, ni quiere que rompan su amor, sino que lo vivan en clave de fe y amor al Reino. Si la objeción a los matrimonios homosexuales de la institución católica es la genitalidad (Benito XVI ha dicho que no se opone a las uniones homosexuales a condición de que no tengan relaciones carnales) entonces el fondo del problema está en saber si lo esencial y específico de la sexualidad humana consiste en el instinto de cópula entre macho y hembra para procrear (instinto animal), o si, -eso supuesto- lo que caracteriza al sexo entre los humanos es la entrega mutua de una persona a otra que así expresa y comunica el amor propiamente humano. La moral católica ha dicho siempre que lo central es el amor, pero con tal que sea abierto a la procreación. Con lo cual, lo que en realidad se está diciendo es que lo que nunca puede faltar es la posibilidad de procrear, por más que falte el amor, como de hecho ocurre en tantas familias, en las que se cumplen todos los requisitos de los códigos religiosos, pero las personas no se quieren y a duras penas se soportan. Hasta se da la paradoja que, según el magisterio, es más moral y digno de comunión un hetero genocida como Jorge Rafael Videla que cualquier pareja homosexual. Creo que cada cual es libre para defender la idea que le dicte su conciencia, su confesor o su catequista. Pero con la salvedad de que ésta nunca sea más importante que otra persona. ¡Y mucho menos que por esa idea se la humille y se le amargue la vida “en nombre de Dios”! Fraternalmente.

Gabriel Andrade / DNI 17.387.144