Al amigo Miguel Albornoz
Elegiste justo el Día del Amigo para partir. Y te fuiste quizás creyendo que esta vez, una vez más, trepado en la altura, esta vez trabajando como siempre, no sería la última. María, tu compañera de toda la vida, nos decía a todos los que fuimos tus amigos y que no podíamos con el dolor: "Vivió como le gustó, pudo hacer siempre lo que quiso y hoy se fue con el Che".

Sábado 25 de Julio de 2009

Elegiste justo el Día del Amigo para partir. Y te fuiste quizás creyendo que esta vez, una vez más, trepado en la altura, esta vez trabajando como siempre, no sería la última. María, tu compañera de toda la vida, nos decía a todos los que fuimos tus amigos y que no podíamos con el dolor: "Vivió como le gustó, pudo hacer siempre lo que quiso y hoy se fue con el Che". ¿Cómo describirte? En esas pocas horas que duró la despedida, creo que mirar cuántos estábamos y cómo éramos, te describía tal cual fuiste. Amigos jóvenes y viejos, profesionales, laburantes humildes, gente de los barrios. Sí, ése eras vos Miguel. Nuevamente María decía: "Ha sido Roberto Carlos con un millón de amigos". Todos tenían algo para contar. Historias disímiles, increíbles, con un denominador común: tu espíritu noble, bohemio, gaucho, solidario. Recuerdo esas largas charlas sobre política, filosofía, o lo que a cualquiera se le ocurriera como tema. Te leíste todo lo que estuvo al alcance, te formaste a fuerza de ganas de saber. Hiciste tardíamente tu secundario, porque "es necesario tenerlo terminado", aunque ni falta te hacía. Elegiste vivir humildemente, para qué más. Tus manos de herrero salían a buscar el pan, tus manos de artesano herrero alimentaban tu espíritu. Y de esa pasión salió el medallón de hierro que reproduce la foto del Che tomada por Korda, calada en chapa, de 110 kilos de peso. Hechas con el alma puesta en tus manos. A esta hora, a pocas horas de tu partida, hemos quedado con esa sensación inexplicable que deja la muerte absurda. Juntaste a todos tus amigos que no podíamos contener el llanto por no poder darte un abrazo nunca más, pero también para celebrar tu vida.

Silvia Fernández León

silviafleon@hotmail.com