Edición Impresa

Aguafuertes de Roberto Arlt en plan experimental

La pieza de Mauricio Caturelli reúne un interesante trabajo con objetos, pero no logra salir del tedio redundante del clima gris de la década infame.

Domingo 08 de Septiembre de 2013

Hace algunos años, precisamente siete, veíamos como en Rosario brotaron de golpe varios espectáculos basados en textos de Roberto Arlt. La estrella se apagó rápidamente, pero este año alguien recogió el guante y una nueva propuesta se pone los zapatos del gran escritor y periodista argentino.

La obra literaria de Arlt comprende cuatro novelas, dos libros de cuentos, varias obras de teatro y algunas recopilaciones de sus artículos periodísticos, aparecidos principalmente en el diario El Mundo de Buenos Aires, que conforman las "Aguafuertes porteñas", una serie de inolvidables reflexiones acerca de su tiempo, en plena década del 30.

Una selección de aquellos textos cobra forma de puesta teatral en "Arlt, Arlt, en los zapatos de otro", bajo la dirección de Mauricio Caturelli, todos los sábados de septiembre a las 22 en la sala de La Escalera.

En la obra actúan Lilian Rudolf, Carolina Condito, Mauro Panuncio y María Levalle. La realización del vestuario estuvo a cargo de Paola Fernández.

El montaje se convierte en una estructura alejada totalmente de la linealidad, sin ninguna historia troncal que la articule, sólo un grupo de actores para que las palabras de Arlt se hagan carne y resuenen en este 2013 con una significación que sigue cobrando la vigencia de los grandes autores. La estructura, sin embargo, asoma en una repetitiva fórmula para transitar el espacio mediante trayectos similares entre sí, a través de los cuales los personajes escupen el texto hacia una cuarta pared.

Tan argentino como el dulce de leche, el ojo de Arlt capta esas mundanas impresiones de la vida cotidiana de Buenos Aires y las lleva a pequeños relatos como "Filosofía del hombre que necesita ladrillos", "El hombre corcho" y "¿Quiere ser usted diputado?". Estas aguafuertes conforman una suerte de propuesta experimental montada sobre la fuerte presencia de los cuerpos en escena.

Con una atmósfera solemne, de miradas duras y trajes invertidos, los personajes llevan ese aire melancólico casi al extremo, como autómatas. Con un trabajo físico de gran presencia, con una coreografía de movimientos precisa y potente en algunos momentos, la obra no logra salir del tedio redundante sobre ese clima gris de la década de la gran depresión. No hay respiro para estos sujetos desolados, no aparece jamás una veta que descomprima con algo de humor, aunque sea negro.

Cabe destacar un interesante trabajo con objetos que remiten a esas figuras arltianas, una alegoría del hombre como marioneta de la ambición y la opresión del mundo moderno, en las primeras décadas del siglo XX.

Un gran texto que se destaca como lo mejor de la obra que, con su buena dosis de experimentación, aporta diversidad al vasto territorio teatral de la ciudad. Una escena local que bulle y que está viva.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario