Lunes 16 de Marzo de 2009
Sobre la carta de Luis Gómez, del pasado 13 de marzo, donde habla sobre la prohibición de modificar las suspensiones de los autos, quiero comentar lo siguiente: hace 30 años que manejo autos, usados y nuevos y de distintas marcas. Autos malos, regulares y buenos. Manejé por calles y rutas, nacionales y extranjeras, en piso seco y mojado, de noche y de día, en rutas buenas o con baches, etcétera. A pesar de ello, nunca necesité una modificación de las suspensiones para llegar a destino. ¿Y saben por qué? Porque no necesito más estabilidad de la que otorga el diseño de fábrica manejando a la velocidad adecuada, la que marca la ley, la que marca el sentido común ante cada situación. Claro, si yo tomo una curva cerrada o doblo en una esquina a alta velocidad, desafiando la fuerza centrífuga (y la seguridad de los demás), entonces sí voy a necesitar un auto que "se agarre". Señor Gómez, afloje con el acelerador y verá cómo podrá manejar sin problemas hasta un carro con caballos.
Jorge Giovagnoli, j_giovagnoli@hotmail.com