Afanosa búsqueda de una antigua Biblia hebrea robada por los cruzados
En cuatro continentes tiene lugar una búsqueda silenciosa y reconcentrada para encontrar las páginas perdidas de uno de los textos religiosos más importantes del mundo: una Biblia escrita en hebreo, de mil años de antigüedad, conocida como el Códice de Aleppo.

Domingo 02 de Noviembre de 2008

En cuatro continentes tiene lugar una búsqueda silenciosa y reconcentrada para encontrar las páginas perdidas de uno de los textos religiosos más importantes del mundo: una Biblia escrita en hebreo, de mil años de antigüedad, conocida como el Códice de Aleppo.

Los Cruzados se apropiaron de esa Biblia para exigir rescate y hasta fue contrabandeada a través de las fronteras de Medio Oriente. Pero en 1958, cuando el Códice llegó finalmente a Israel, 196 páginas habían desaparecido, alrededor de un 40 por ciento del total. Para algunos estudiosos del Antiguo Testamento, esas páginas se han convertido en una especie de Santo Grial. (Según la mitología cristiana, el Santo Grial es la copa usada por Jesús en la Ultima Cena, y de la cual se dice que posee poderes milagrosos).

Investigadores que representan al custodio del manuscrito en Jerusalén dicen que tienen algunas pistas sobre parte de las páginas desaparecidas.

El Códice de Aleppo tal vez no sea tan famoso como los Manuscritos del Mar Muerto. Pero para muchos eruditos, es inclusive más importante pues es considerado la edición definitiva de la Biblia judaica.

La clave para encontrar las páginas perdidas podría radicar en la diáspora de judíos que se radicaron en Aleppo, Siria, donde el manuscrito fue guardado durante siglos en un arcón de hierro de una sinagoga.

Un punto crucial en su historia se registró tres días después de que las Naciones Unidas aprobó una resolución en 1947 aceptando la creación del estado de Israel. Una turba siria, indignada ante la resolución, quemó la sinagoga hasta los cimientos.

Los judíos de Aleppo rescataron el Códice, pero en los años siguientes la comunidad, integrada por unas 10.000 personas, se vio obligada a abandonar Siria rumbo a diferentes partes del mundo.

Los expertos creen que los judíos de Aleppo tendrían en su poder algunas de las páginas desaparecidas, en tanto otras habrían sido adquiridas por comerciantes de antigüedades. Dos fragmentos han aparecido: una página completa en 1982, y un trozo más pequeño el año pasado, que había sido atesorado durante décadas por un residente de Brooklyn, Sam Sabbagh, como amuleto de la buena suerte.

Cuando el Códice llegó a Israel hace 50 años, fue entregado a Izhak Ben-Zvi, entonces el presidente de ese país, y un experto en comunidades judías del mundo islámico. Aunque el manuscrito se halla en el Museo de Israel, junto con los Manuscritos del Mar Muerto, el Instituto Ben-Zvi fundado por el fallecido presidente continúa siendo su custodio legal y respalda la nueva búsqueda.

Esfuerzos previos, incluidos algunos realizados por diplomáticos israelíes y por agentes del Mossad, el servicio secreto israelí, fracasaron. La nueva búsqueda ha reclutado a un pequeño grupo de judíos de Aleppo, capaces de ganar la confianza de la comunidad, y ha redituado información sobre el destino de algunas piezas específicas y acerca de las personas que las tienen en su poder, dijo Zvi Zameret, director del Instituto Ben-Zvi.

"De acuerdo a los rumores, no sólo hay pequeños fragmentos sino capítulos enteros, y eso ha causado gran entusiasmo", dijo Adolfo Roitman, curador del Museo de Israel a cargo del manuscrito.

El Códice perteneció a la comunidad judía de Jerusalén hasta que fue robado por los Cruzados que capturaron y saquearon la ciudad en 1099. Tras pagarse un rescate, el manuscrito fue llevado a El Cairo, donde fue usado por el filósofo judío Maimónides, quien declaró que era la copia más precisa del Antigo Testamento.

"Para decirlo en pocas palabras: el proceso de ensamblar totalmente el texto de la Biblia concluyó con el Códice", dijo Rafael Zer, del Proyecto de la Biblia de la Universidad Hebrea, en Jerusalén.

Es difícil determinar cómo el Códice llegó a Aleppo, en el norte de Siria. Algunos eruditos creen que fue llevado a ese país por un descendiente de Maimónides a fines del siglo XIV.

Allí fue guardado por los judíos como su posesión más preciosa. Pero el 2 de diciembre de 1947, una turba incendió la sinagoga. Luego circularon rumores de que los judíos de Aleppo se apresuraron a salvar algunas páginas de las llamas. Las páginas desaparecidas nunca más han sido vueltas a ver, salvo dos excepciones.

Una página del Libro de las Crónicas sobrevivió en el apartamento neoyorquino de una mujer de Aleppo, y fue entregada por sus familiares en 1982. Otro fragmento sobrevivió en la billetera de Sabbagh, otro exiliado de Aleppo radicado en Nueva York, que lo laminó con plástico y lo usó como amuleto de la buena suerte. El año pasado, tras la muerte de Sabbagh, su familia llevó el fragmento a Jerusalén.

Uno de los hombres que rescató páginas de la Biblia era Mourad Faham, que ingresó en la sinagoga disfrazado de beduino y encontró el grueso del manuscrito en el piso, según narró su nieto, Jack Dweck.