Domingo 15 de Febrero de 2015
He decidido este año, en el Día Internacional del Cáncer Infantil, dirigirme a los adultos. Somos nosotros quienes tendríamos la posibilidad de cumplir con la meta ideal, que es prevenir. Sin dejar de desconocer que hay cancerígenos ambientales de forma natural y sin poder analizar la variable del destino de cada niño, sí podemos ocuparnos de cambiar el estilo de vida insano, la progresiva e imparable contaminación ambiental generada por una sociedad consumista, donde el desarrollo industrial nos aleja de lo natural y sumado a ello el incontrolado uso de la energía atómica. Los factores que debemos analizar son la dieta, el control del peso, las radiaciones electromagnéticas, el sedentarismo, detectar los factores infecciosos precozmente, evitar el tabaquismo y otros factores ambientales que directa o indirectamente reducirían el cáncer en el adulto y sin ser una utopía podría reducirse el cáncer en los descendientes ya que podríamos disminuir los riesgos preconcepcionales, concepcionales, transplacentarios y posnatales. El adulto se enferma más que el niño de cáncer, 500 casos cada 100.000 habitantes, los niños 15 casos cada 100.000 habitantes, con un pronóstico mucho más alentador, pero la diferencia que más nos debe alentar en esta tarea es que el niño y el joven son el potencial de la sociedad, de manera que si pudiéramos prevenir la enfermedad en ellos ya no seria tan utópica esta propuesta. Entonces, desde promover la lactancia materna, consumir agua, evitar el exceso de sal, incorporar varias raciones de frutas, verduras, cereales y legumbres, reducir las grasas y carnes rojas, evitar el alcohol, estimular la actividad fisica desde el segundo y tercer año de vida, cuidarlos del sol, no realizar estudios tomográficos innecesarios evitando así la radiación ionizante, vacunarlos, enseñarles en la juventud hábitos de conducta sexual segura e implementar el uso racional de medicamentos y las transfusiones de hemoderivados. Me queda un ítem que constituye el peor enemigo, la pobreza. Ser niño, tener cáncer y ser pobre es la tríada que nos debe motivar a seguir luchando, a educar, a prevenir y así salvar vidas. El gracias más grande a las personas sin nombre que ayudan y alegran a los pacientes, instituciones, al personal médico y paramédico y mi compromiso de seguir en esta lucha a mis pacientes y sus padres.
Sandra Zirone