Miércoles 11 de Junio de 2014
Vamos a estar siempre defendiendo la diversidad de voces para que nadie grite, pero que nadie sea obligado a bajar la voz, dijo hace unos días la presidente Cristina. Por eso en esta oportunidad quiero hacer escuchar la mía. ¿Ella la oirá? ¿Llegará a los que deberían oírla? Voy a probar. No hay que ser siempre tan pesimista. Sucede que el día 5 de junio concurrí al Concejo Deliberante de la ciudad de Rosario. Declaraban ciudadana distinguida a la señora Graciela Nocera, conductora del Grupo Miastenia Gravis. ¡Qué mujer! ¡Cuánta pero cuánta lucha realiza para que los enfermos tengan acceso a un tratamiento digno y oportuno! Es verdaderamente un lujo su presencia en nuestra ciudad, es una verdadera y desinteresada mano amiga para quienes un día se ven sorprendidos por la enfermedad. Me fui a verla. Simplemente para sumar mi aplauso. Es poco, pero es todo lo que tengo. Me emocioné, de verdad. Pero más me sorprendí ante la ausencia de los señores concejales. ¿Adónde estaban? Uno de ellos, izó la bandera, otro, entró solo para entregarle la plaqueta. La ceremonia duró 10 minutos. ¡10 minutos y en las bancas ningún concejal! ¿Tan ocupados estaban que no pudieron venir a dar las gracias a quien dedica horas y horas de su vida a un trabajo ad honorem? Trabajo que no sería necesario si ellos, los políticos, condujeran al país por los rumbos que prometen y no cumplen. Y me entristecí aún más cuando vi que muchos de ellos circulaban por los corredores, pero no se llegaron al recinto. ¿Es que no les da un poquito, un poquitito de vergüenza?
Julio César Castillo / DNI 6.183.253