Martes 03 de Diciembre de 2013
En oportunidad del siniestro acaecido en calle Salta 2141 de nuestra querida Rosario, hemos tenido la oportunidad de observar como nunca la notable labor de los bomberos y rescatistas. Era una durísima prueba, sin pausas, y su tesón para envidiar. Agazapados, empeñados en lograr sus propósitos, nada los detiene. Los hemos visto destilar expectativas, pensando en lo que podrá encontrar, no exentas de una mezcla de temor y alegría. Sabe que los que asistimos absortos a esa infatigable tarea, aguardamos con ansiedad el momento que se incorporen reclamando ayuda. Se los ve extenuados pero no quieren desmayar. Saben que desde lejos todas las miradas están depositadas en ellos, rogando para que sean fuertes y valientes. Ellos y nosotros sabemos que son seres humanos, con familia que los estarán aguardando sabiendo que ellos son héroes y que además jamás estarán en el bronce. De pronto uno de ellos requiere una camilla porque ha encontrado un cuerpo, imaginamos doliente o quizás. Llega el final, tendrán que volver a su residencia para estar con los suyos, pero se despiden con llanto, la emoción los embarga. El abrazo de la gente y sus lágrimas, el ulular de las sirenas, las luces intermitentes de las balizas de sus vehículos, herramientas de trabajo. Se escuchó decir a uno de ellos: “La gente nos despide como si hubiésemos triunfado, pero nos vamos muy tristes, nos hubiera gustado encontrar a todos con vida. Pedimos perdón por eso”. Cada uno con su destino, a los que partieron les llegó la hora, el resto a sufrir, unos más, otros menos. Nos sentimos agradecidos a Dios que nos permitió llevar a cabo esta labor, como también a todos aquellos que en todo momento nos acompañaron. Querido bombero, querido rescatista, vaya desde acá mi humilde saludo y mi más sincero agradecimiento por la notable labor llevada a cabo, tarea y entorno que deduzco no olvidarán jamás.
DNI. 6.004.403