Sábado 31 de Diciembre de 2011
Jamás escatimé admiración y respeto por la persona talentosa que procede constructivamente. Aprecio a todo ser humano que no busca repercusión o rédito apoyándose en un don que le ha sido concedido gratuitamente. Me apasiona ver creaciones del talentoso artesano que hace surgir maravillas, restaura lo derruido, inventa todo con sus manos dirigidas por una mente lúcida. Aplaudo los logros del deportista nato cuando nos brinda la magia de su espectáculo, magia que se nos niega al resto de los mortales. Me emociona presenciar el arte de cantantes, compositores, actores, músicos que nos elevan a un plano superior ignorado hasta ese momento. Agradezco y bendigo al científico, investigador, profesional que descubre cómo sanar y mejorar nuestra vida física y mental. Me rindo ante la mujer que puede llevar adelante su hogar, desarrollar y educar su prole con recursos insuficientes haciendo gala de un esfuerzo e imaginación que no conoce límite. Por el contrario y siendo la antípoda de todo lo anterior no puedo admirar ni respetar al oficio de los políticos ni a todo lo que les concierne, incluida la mentira. Realmente muy pocos políticos exhiben talento profesional porque de tenerlo no se cometerían tantos desaciertos. Han hecho un hábito para olfatear mediáticamente oportunidad y reconocimiento. Son interesados pues jamás renuncian a los beneficios que les brinda su posición. Si se prodigan es sólo para que ese esfuerzo sea ampliamente conocido y publicitado. No toleran caer en el anonimato pues no desean estar entre la multitud, quieren estar en el palco y ser receptores del aplauso. Les viene bien la tarea de levantamanos porque así no toman responsabilidades, esconden ineptitud, acumulan años de servicio y se excusan a sí mismos. Pido humildemente perdón a quienes se sientan afectados pero es lo que brota de mi interior cuando pienso en ellos.
Rubén Mario Baremberg
DNI 6.012.531