Sábado 17 de Diciembre de 2011
En estos últimos días todos me han preguntado qué siente uno cuando se jubila. He intentado buscar dentro de mí, en mis sentimientos, y he encontrado que fundamentalmente los sentimientos que afloran se relacionan con que dejo la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR, la enseñanza activa que he estado ejerciendo por más de 35 años y la carrera de investigador científico del Ciunr (Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Rosario). Siento un profundo agradecimiento a todos mis compañeros con los que he convivido todo este tiempo. De todos he aprendido y todos me han aportado siempre algo positivo. Experimento una gran satisfacción por la tarea desarrollada en las cátedras a mi cargo de Lengua Española y de Interlingüística y en la investigación vinculada siempre con la Lingüística y la Traducción. Por suerte, he comprobado, a través de mi cercana convivencia con los docentes y alumnos que mi tarea, de alguna manera, ha podido enriquecer personalmente y académicamente. Además, siento una gran ilusión por la nueva vida que me espera como jubilada, pero no divorciada de la actividad productiva. Siempre pensamos que este momento no iba a llegar; sin embargo, todo llega y aunque se dice "que no pasan años, sino que pasan cosas", la realidad es que hoy estoy aquí porque han pasado años y han pasado cosas. Es necesario darse cuenta de lo curiosa que es la vida: un grupo de personas, con diferentes orígenes, formación, aspiraciones y experiencias coinciden en una vocación, conviven, colaboran, discrepan, discuten, hablan, dialogan y con ello se influyen recíprocamente de modo irreversible y permanente, ninguna de nuestras vidas es ahora la misma que la de antes de entrar a la Universidad. Y esto se debe a las personas. Todos somos maestros y discípulos y esa es la grandeza de la vida académica. He recibido de los inolvidables maestros como Germán Fernández Guizzetti, de los de la Escuela de Letras como María Isabel Barranco, María Cristina Rébola, Alfredo Hurtado, Adolfo Prieto, Nicolás Bratosevich y muchos otros de la Escuela de Lenguas, como Graciela Cariello, una influencia inigualable. A su lado he aprendido mucho. Llevo conmigo sus palabras, sus ideas, sus posturas. Ellos forman parte de mi vida y seguramente yo formaré parte de sus vidas. Hoy, a través de este medio, le digo adiós a la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, el lugar de la gestación del pensamiento y la vía de acceso a lo verdaderamente humanístico, que me permitió disfrutar del placer de enseñar, investigar y, sobre todo, realizar una tarea magnífica: formar futuros docentes e investigadores. Gracias por ser parte de mi historia y gracias a mis compañeros y amigos que permanecerán eternamente a mi lado.
Lic. Prof. Mabel Martínez