Lunes 14 de Noviembre de 2011
Pasan los años y el debate sobre la problemática de las adicciones sigue más vigente que nunca. Ministros, diputados, senadores, concejales, abogados, médicos, psicólogos, operadores, todos en ocasiones, producen debates interesantes que están a la altura de las circunstancias, en otros casos mejor ni hablar. De todas maneras para aquellos que hace más de 25 años que estamos en la trinchera lidiando con estas vidas ultrajadas por el consumo y la desidia, vemos algunas cuestiones con mucha claridad. Se buscarán leyes y normas que rijan los tratamientos como viene ocurriendo desde la creación de la Sedronar hace más de 20 años, se cuestionarán sistemas y abordajes, se evaluará qué es lo que políticamente conviene en cada etapa, lo que no se puede poner en duda es el rol fundamental que venimos cumpliendo las Comunidades Terapéuticas en el país desde el puntapié inicial que diera Carlos Novelli en la década del 70. Un trabajo cuerpo a cuerpo con aquellas personas afectadas y sus familias, una evaluación permanente de los tratamientos según pasan los años y se modificaban las formas de consumo y aparecían sustancias nuevas, la conformación de verdaderos equipos interdisciplinarios. Hemos ayudado a los organismos oficiales a encontrar la huella, cuando no la veían ante tanta incertidumbre, no nos olvidemos que nosotros estábamos antes que los gobiernos reaccionaran frente a esta epidemia. Me parece acertado cuestionar y no permitir que ciertos lugares funcionen, sean clínicas que sólo adormecen la voluntad (que justamente hay que despertar) con psicofármacos, o aquellas instituciones sin ética ni supervisión profesional que no respetan al paciente ultrajando sus derechos, o aquellas que no tienen la estructura adecuada en lo edilicio, de mantenimiento, en los recursos humanos idóneos y en la alimentación adecuada, en todos los casos se trata de lo mismo. Tenemos por delante un gran desafío ético y solidario, debatamos con responsabilidad y honestidad, sin egoísmos ni partidismo, lo que está en juego es la vida de muchos jóvenes que han perdido el rumbo, debemos crear espacios saludables, generar una fuerza superadora, hallar la forma de modificar la realidad sombría que nos rodea.
Osvaldo S. Marrochi
Presidente Fundación
Esperanza de Vida