Adicciones en los jóvenes (II)
Son muy comprensibles y justas las manifestaciones de la autora de la carta que con el mismo título apareció en esta sección el 22/01/11 y son lamentables los daños que se están ocasionando a la niñez y a la juventud de nuestros días merced a su adicción a las drogas que se les venden y ellos consumen inocentemente.

Lunes 31 de Enero de 2011

Son muy comprensibles y justas las manifestaciones de la autora de la carta que con el mismo título apareció en esta sección el 22/01/11 y son lamentables los daños que se están ocasionando a la niñez y a la juventud de nuestros días merced a su adicción a las drogas que se les venden y ellos consumen inocentemente. Como no han hecho mal a nadie en ningún momento, contra ellos se está generando o permitiendo la ejecución de un delito de lesa humanidad. En los barrios más carenciados el problema se agudiza en forma alarmante, en los cuales se ha documentado que la drogadicción comienza desde la niñez. ¿Qué porvenir puede esperarse para estos chicos y para la sociedad? También es altamente doloroso enterarse de las tragedias que los consumidores padecen, pues sufren desarreglos en sus cerebros lo cual los conduce a ejecutar actos que jamás hubieran llevado a cabo sin drogas en su sistema. Eso los condena a suponer que no podrán respirar sin la próxima dosis lo cual los conduce a mayores martirios ingresando en un círculo vicioso casi imposible de abandonar induciéndolos a menudo al suicidio como ocurrió el año pasado con cinco jóvenes que sin lograrlo intentaron hacerlo en el barrio Toba. La cruda realidad indica que los hechos delictivos son realizados por jóvenes cada vez de menor edad lo cual puede comprobarse con la lectura de todos los diarios y la información de la TV. Sin embargo, no hay que llorar sobre la leche derramada sino tratar de que otra vez no vuelva a derramarse. A los problemas hay que buscarles solución. Para ello, debe requerirse que el Estado, cumpliendo con su misión específica, destine las partidas necesarias para la creación de escuelas para adultos en los barrios perfeccionándose las primarias ya existentes destinadas a brindar amplia y general educación a la mayor cantidad de gente posible y de cualquier edad, lo cual es el recurso más efectivo para comenzar a superar este flagelo que está asolando a la humanidad. La ignorancia, en su más abarcativo significado, es el origen de todos los males que pueden aquejar a los seres humanos.
Pedro S. Tavacca