Viernes 01 de Julio de 2011
El 1º de julio de 1896, por obra de su propia mano, se rompió -nunca se dobló- la vida de Leandro Nicéforo Alem, fundador de la Unión Cívica Radical, partido político que el pasado 26 de junio cumplió 120 años de vida. “Adelante los que quedan” fue su grito. ¿Quiénes quedan hoy? Hay radicales que integran frentes, coaliciones, o como quieran llamárseles, con políticos tradicionalmente antagonistas, como la alianza radical-peronista con principal eje en la provincia de Buenos Aires. Hay radicales K, aliados al gobierno nacional. Y hay radicales memoriosos de la vida de Alem y de sus enseñanzas -como “No abandonar los principios para seguir a los hombres”- conscientes de ser depositarios de su legado y no simples aspirantes a figurar en listas de candidatos a cargos electivos. Alem predicó siempre con el ejemplo. Reivindicó no sólo con palabras sino con hechos concordantes la condición moral como inseparable de la condición política. Principista, incapaz de acuerdos y flexibilidades, tuvo la pasión del bien público. Hombre sin tacha y sin miedo, formado en la lucha y por esfuerzos propios. Fue un abogado pobre y austero, eterno defensor de pobres. Político libre e insobornable, apóstol de la honradez administrativa, sostuvo a la unión del pueblo, la ética y el patriotismo como piedra fundamental para una Argentina grande y libre. Alem fue para la multitud de su época su más cautivante caudillo, paladín de los desposeídos, y, como dijo Marcelo T. de Alvear en su multitudinario sepelio, “Presidente de los corazones argentinos”.
Carlos Alberto Parachú