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Acusaron de desertor a un soldado que fue prisionero de los talibanes

El ejército le imputa a Bowe Bergdahl haber abandonado su puesto de avanzada y de mala conducta ante el enemigo.

Jueves 26 de Marzo de 2015

El sargento del ejército estadounidense que abandonó su base en Afganistán y fue prisionero del Talibán durante cinco años, tras lo cual fue canjeado por cinco combatientes talibanes detenidos en la base de Guantánamo podría ser sentenciado a cadena perpetua si se le declara culpable de los dos cargos que enfrenta, dijeron ayer funcionarios militares. El sargento Bowe Bergdahl, de 28 años, fue acusado de mala conducta ante el enemigo, que conlleva una sentencia máxima de cadena perpetua, y también de deserción, que conlleva hasta cinco años en prisión.

Bergdahl (nacido en Haley, Idaho) podría enfrentar además baja deshonrosa, degradación y pérdida de toda su paga si es declarado culpable.

La causa procederá ahora en una audiencia en Fort Sam Houston, Texas, un procedimiento similar al de jurado investigador en la justicia civil. De ahí, pudiera ser referida a una corte marcial e ir a juicio.

La fecha para la audiencia no fue anunciada.

La presentación de cargos es el giro más reciente en un largo y emotivo debate sobre el caso de Bergdahl. Resaltan además las ramificaciones militares y políticas de su decisión del 30 de junio del 2009 de abandonar su base tras expresar dudas sobre el papel de las fuerzas armadas estadounidenses —y el suyo— en Afganistán.

Tras dejar la base, Bergdahl fue capturado por el Talibán y mantenido cautivo por miembros de la red extremista Haqqani, un grupo vinculado con el Talibán que opera en Afganistán y Pakistán.

El 31 de mayo del año pasado, Bergdahl fue entregado a fuerzas especiales estadounidenses en Afganistán a cambio de cinco comandantes del Talibán prisioneros en la base naval de Guantánamo.

Tras pasar dos semanas recuperándose en un hospital militar estadounidense en Alemania, Bergdahl fue enviado al Centro Médico del Ejército en Fort Sam Houston, Texas, el 13 de junio. Ha estado cumpliendo tareas administrativas en la base, en espera de la conclusión del proceso.

Después de varios meses de exámenes médicos físicos y psicológicos, el sargento se incorporó en julio pasado a su destino militar. Sus primeras declaraciones tras un largo silencio fueron de agradecimiento al presidente Barack Obama por "salvar mi vida".

El intercambio de prisioneros desató un acalorado debate sobre si Estados Unidos debería haber dejado en libertad a los cinco comandantes talibanes. Poco se sabe de lo que están haciendo los cinco en Catar, donde son monitoreados por el gobierno. Algunos legisladores han dicho que los cinco regresarían al campo de batalla.

El general de división Kenneth R. Dahl investigó el caso de Bergdahl y se pasó meses entrevistando a miembros y comandantes de su unidad, y reuniéndose con Bergdahl y su abogado, Eugene Fidell, un experto en justicia militar que además da clases en la Universidad de Harvard. Dahl presentó su reporte a mediados de octubre, con lo que comenzó el proceso de revisión legal de su reporte y de las opciones de las fuerzas armadas.

El caso fue referido al general Mark Milley, jefe del Comando del Ejército en Fort Bragg, y éste lo ha estado examinando durante meses.

Una consideración importante es si oficiales militares pueden probar que Bergdahl no tenía intenciones de regresar a su unidad, un elemento clave en los cargos más graves de deserción.

Abandonó el equipo. Bergdahl desapareció el 30 de junio de 2009 de su puesto en el puesto avanzado de Mest-Lalak en la provincia de Paktika, en el este de Afganistán, una mañana después de hacer guardia. Se hizo evidente que estaba desertando cuando no se presentó para pasar lista, pero su armadura antibalas y sus armas y municiones habían sido dejadas por él en la posición.

Durante su cautiverio, según la revista online The Daily Beast, Bergdahl escribió una carta a sus padres en la que explicaba su comportamiento. Al parecer, no estaba contento en su base. "La dirección era insuficiente, o inexistente. Las condiciones eran malas y parecían seguir empeorando para los hombres que ponían su vida en juego en los ataques", escribió el soldado en la carta de marzo de 2013.

Bergdahl fue puesto en libertad y ya se estaba organizando una recepción de héroe en EEUU cuando comenzó a correr el rumor de su deserción denunciada por sus propios compañeros de armas. La euforia se fue apagando en la misma medida en que crecía la ira que provocó entre la oposición republicana que Obama acordara el intercambio de prisioneros sin contar con el aval del Congreso y que se había puesto en riesgo la seguridad de la nación.

El entonces secretario de Defensa, Chuck Hagel, defendió la maniobra política argumentando que la vida del soldado corría peligro.

El senador John McCain (R.Ariz), que ha sido crítico con el manejo de la administración Obama de la causa, dijo ayer que la decisión del Ejército es un paso importante en la determinación de la responsabilidad de Bergdahl. "Estoy seguro de que el Departamento del Ejército seguirá velando por este proceso, que se lleva a cabo con la mayor integridad bajo el Código Uniforme de Justicia Militar", dijo McCain.

Como si no fuera suficiente, los cinco talibanes liberados a cambio de Bergdahl y que fueron enviados a Qatar eran prisioneros que hacían años estaban detenidos en Guantánamo y se contaban como "los más peligrosos".

Se cree que miles de soldados estadounidenses que han abandonado sus unidades durante las guerras en Irak y Afganistán, pero el caso de Bergdahl es raro porque supuestamente lo hizo mientras estaba en el campo de batalla.

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