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Acusan a un joven por matar a su primo con alevosía y ensañamiento

Dura imputación en una audiencia por la ejecución de un chico de 19 años en Rodríguez y Doctor Riva. "Chicho" B tiene 23 años. Le adjudican asesinar a Ezequiel Sprezt, acribillado de ocho tiros cuando iba con su novia en moto.  

Martes 10 de Junio de 2014

El crimen de Ezequiel Sprezt, un chico de 19 años perseguido y acribillado con ocho tiros por otros dos jóvenes en agosto del año pasado, partió en dos a su familia. Es que por el ataque fueron acusados dos de sus primos, uno de ellos un adolescente que fue apresado ese mismo mes. El otro, de 23 años, estuvo diez meses prófugo hasta este domingo, cuando la policía lo encontró en su casa de Presidente Quintana al 2100 a sólo seis cuadras del lugar del ataque. Ayer fue indagado bajo un grave encuadre penal, que si bien es preliminar, en caso de sostenerse prevé una pena de prisión perpetua: lo acusaron de haber cometido un crimen con ensañamiento y alevosía del que él se dijo inocente.

El crimen ocurrió el 4 de agosto de 2013 cuando Sprezt iba en moto con una amiga por la zona sur de la ciudad. En Rodríguez y Doctor Riva fue interceptado por al menos dos muchachos que lo increparon por una pelea previa, lo persiguieron y le dispararon ocho tiros. Desde entonces, a partir de varios testimonios, la policía comenzó a buscar como sospechosos a dos jóvenes apodados "Bebe" y "Chino". El más chico de ellos se llama Juan Esteban, tiene 16 años y fue apresado el 28 de ese mes. Quedó a disposición de un juzgado de Menores que en ese momento ordenó su alojamiento en el Irar.

El quiebre. El asesinato provocó un cisma familiar. Claudia Alejandra, la madre del joven acribillado, acusó directamente a los hijos de su hermana Mary, con quien hasta entonces mantenía una buena relación de ayuda mutua. Realizó movilizaciones en su barrio en las que exhibió fotos de Ezequiel trabajando en una verdulería y reclamos de esclarecimiento frente a Tribunales, donde tenía previsto realizar una protesta ayer. La medida se suspendió con la detención, el domingo, de Carlos "Chicho" B., de 23 años, quien llevaba diez meses prófugo.

A su vez Mary, la madre de los dos acusados, dijo el año pasado en una nota con este diario que Claudia baleó y cubrió de pintadas el frente de su casa, que un domingo a la tarde intentó derribarle la puerta y que la "amenazó" con matarla a ella y a sus hijos. Por entonces Mary Sprezt decía que estaba presa en su propia casa y que si salía a la calle era amenazada por sus otros cinco sobrinos. Aseguraba que el día del ataque sus hijos estaban en otros lugares: Juan durmiendo y Carlos en una comida.

El domingo a la mañana Carlos B. fue detenido en su casa, en el marco de tres allanamientos que realizó la Brigada de Homicidios. Voceros de esa repartición señalaron que al ver a la policía el muchacho escapó por los techos y luego por un pasillo, pero lo alcanzaron. Tenía el torso desnudo en el que "podía verse un tatuaje gigante en la espalda con la imagen de una calavera". El procedimiento fue resistido por vecinos que comenzaron a tirar piedras, lo que forzó la llegada de móviles del Comando Radioeléctrico para apaciguar la situación.

El detenido fue indagado ayer a la mañana en el juzgado de Instrucción Nº 8, que en estos diez meses había librado numerosas órdenes de allanamiento —las últimas, firmadas el viernes— para dar con el joven con pedido de captura. En presencia del fiscal Esteban Franichevich le formularon una imputación de homicidio con distintos agravantes. Así, no sólo fue acusado de cometer un homicidio agravado por la participación de un menor y por el uso de un arma de fuego, sino también calificado por la alevosía y el ensañamiento.

La pena más severa. Estos dos últimos agravantes, que prevén prisión perpetua, se deben a la cantidad de disparos que recibió Sprezt, a que fue perseguido por dos personas, aparentemente le tiraron desde atrás y le siguieron disparando cuando estaba desvanecido, según indicaron fuentes del caso. El muchacho hizo una declaración muy breve: negó la acusación y se abstuvo de seguir hablando porque estaba muy nervioso. Si bien no le secuestraron un arma de fuego, obran en la causa testimonios que lo incriminan.

"El negó el hecho y dijo que en ese momento estaba en un asado organizado por un sindicato en un club junto con un centenar de personas", precisó el defensor particular del muchacho, Guillermo Muratti, y aclaró que la causa se encuentra "recién en la etapa de pruebas". El caso será resuelto por el juez de Instrucción Luis María Caterina.

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