Sábado 22 de Mayo de 2010
Hubo un tiempo en el que todo aquel que quería actuar en política tenía un camino marcado: militar. Esto era así sin importar que uno fuese de izquierda o derecha. El camino de la política era el camino de la militancia. Pero después resultó que la política era una cosa mala. Entonces quedó inaugurada una nueva vía para acceder a cargos públicos: saltearse la militancia y saltearse la política. ¿Cómo podía uno tener una estructura política careciendo de la acumulación de voluntades que genera la militancia? Muy sencillo, siendo millonario y pagándola. El nuevo modelo dio sus frutos: los ciudadanos porteños eligieron a un millonario heredero. Y rápidamente los ciudadanos bonaerenses también se apuraron a votar a otro millonario heredero cuya sofisticada propuesta giraba en torno al lema "votame votate, alica alicate". Ambos habían invertido mucho dinero en su nuevo chiche: el poder político. ¿A alguien le sorprende entonces que el jefe de gobierno porteño haya manejado su nuevo chiche con el mismo capricho autócrata de un niño malcriado?
Cristian Carricajo
cristiancarricajo@yahoo.com