Miércoles 09 de Diciembre de 2015
Una definición de diccionario califica a la envidia como "sufrimiento de una persona porque otra posee algo que ella no tiene o no puede obtener". Este padecimiento de alguien por el bien ajeno, que caracteriza a la envidia, es uno de los sentimientos más abyectos que puede tener el ser humano. La persona envidiosa se corroe internamente al ver a la otra persona, que es objeto de su tan despreciable codicia. El sentimiento de envidia posee dos características fundamentales; en primer lugar la baja autoestima del ser envidioso y en segundo lugar la presuposición de que al otro le va muy bien en la vida y que posee cosas materiales y afectivas que el no posee. Muchas veces se habla de "envidia sana". Esta definición es falaz, pues la envidia muy por el contrario, es absolutamente enfermiza. Quien padece de envidia no puede vivir con tranquilidad, dado que su pensamiento se concentra en lo que a su percepción tiene el otro, y él es carente de ello. El envidioso parte de premisas equivocadas, a saber: supone que el envidiado no tiene problemas, cuando en realidad, puede estar con problemas de salud, laborales, sentimentales o al borde de la bancarrota; asimismo concibe al otro como a un ser al cual todo le va bien y no tiene el más mínimo escollo en el fluir de su vida. La creencia de que quien es envidiado posee fortunas o riquezas incalculables, es una de las características medulares del sentimiento envidioso. Se envidia básicamente la situación económica, la vestimenta, el automóvil, la mujer y la vivienda. Asimismo se envidian cualidades tales como el carisma con las mujeres, la profesión o actividad laborar, la inteligencia y el talento entre otras. Al poseer sentimientos envidiosos se supone que quien es envidiado no posee problemas, siendo el envidioso, poseedor de un cúmulo de conflictos de diversa índole. Básicamente el sufrimiento envidioso pasa por la situación económica propia y por la ajena; siendo el dinero el principal motivo de envidia. Otros motivos son la belleza, la inteligencia y la juventud. La mediocridad del envidioso no le permite vivir con tranquilidad, pues en lugar de vivir y de construir su vida, permanentemente vive pensando en el otro o en los otros, cayendo en la desvalorización personal, hasta llegar a sentirse el más infeliz del mundo. El pesar por el bienestar ajeno es una característica ruin e infame que condiciona a quien la posee, a una existencia gris e indigna. La envidia, como entidad, ha sido estudiada desde diversas concepciones: religiosa, sociológica y psicoanalítica. En todos los casos, está presente como denominador común, el carácter indigno de quien la posee. Porque la envidia no es otra cosa que una genuina y vil característica propia del ser humano.
Lisandro Itzcovitz